Wednesday, August 02, 2006

La Matanza de Texas 2004

La Matanza de Texas 2004
2003


Dirigida por Marcus Nispel
Guión de Scott Kosar

Jessica Biel .... Erin
Jonathan Tucker .... Morgan
Erica Leerhsen .... Pepper
Mike Vogel .... Andy
Eric Balfour .... Kemper


Los setenta fueron años de crisis en Estados Unidos y, por ende, en el mundo. De crisis política, por la falta de confianza en los gobernantes, de crisis económica y de crisis social (Vietnam había abierto una brecha en la sociedad). Lo que en sociología se llama anomia: la falta de valores a los que acogerse provocan una sensación de indefensión, de caos, de violencia, en el ser humano.

Y los momentos de crisis suelen ser los más prolíficos para el cine de terror, junto al fantástico, la mejor máquina de fabricar metáforas de la actualidad.

Es por eso que, producto de esa enfermedad social de los setenta, nacieran directores atrevidos dispuestos a remover conciencias y a mostrar todos los defectos de un pueblo, el estadounidense, en colisión con el pasado y el futuro. Un choque del mundo rural con el urbano. Otra guerra soterrada que sus muchachos puede que tampoco ganaran. De ahí nacieron autores de la talla de Wes Craven (con sus Las colinas tienen ojos), John Carpenter o Tobe Hooper.

Hooper hizo la metáfora perfecta en el año 73. Basándose en un estilo pseudocumental para encubrir la falta de presupuesto, apoyándose en una fotografía sucia, granulosa, hiperrealista (excelente trabajo de Daniel Pearl), filmó la gran guerra que se desarrollaba bajo la piel de los USA: la del campo contra la ciudad. Un grupo de jóvenes que no le tienen miedo a nada, que lo han probado todo y ya están de vuelta, se encuentran con una familia de pesadilla que les enseñará (en el poco tiempo que les queda de vida) que el horror puede aplastar su desdeñosa autosuficiencia.

La matanza de Texas creó un mito, la familia sureña dispuesta a asesinar para preservar sus territorios, su especie, sus tradiciones. Tradiciones como el canibalismo, que practican con deleite. Y, por encima de todos, surgió Leatherface, el Caracuero. El hombre sin identidad capaz de poblar las pesadillas de los jovencitos norteamericanos con su sierra mecánica y un rostro cubierto de las pieles de sus víctimas.

El presente siglo no podía haber empezado peor. Los EEUU de George W. Bush (y, como antes, por extensión, el mundo de Bush) son los líderes indiscutibles en el mundo. Ya no hya guerra fría con el bloque soviético. Pero el terrorismo ha golpeado fuerte contra esa idea de unos EEUU omnipotentes, y el imperio del texano (curiosa ironía) se desangra en guerras. La sombra de Vietnam sobrevuela de nuevo, los ataudes con las banderas americanas no cesan de llegar en aviones repletos de ellos. No hay ningún lugar donde guarecerse o, como diría Sarah Connor en la apocalíptica T2 , No hay futuro. El campo para el cine de terror, después de unos años noventa cuasi paródicso, está sembrado.

Y otra generación nueva de directores, los que crecieron con Leatherface, Jason o Michael Mayers, están dispuestos a escupirles a la cara a los metrosexuales de la generación X.

Marcus Nispel, director de videoclips (a ver si nos enteramos que esto no es un handicap sino, muy a menudo, todo lo contrario) nacido en Alemania, ha sido apadrinado por Michael Bay para producir esta nueva Matanza de Texas. Después de que la serie se perdiera en vericuetos pseudograciosogorecillos en sus múltiples continuaciones y secuelas, cabía recuperar el espíritu original.

Para ello puso el dinero, pero sobre todo el respeto por el film de Hooper. Hooper figura como coguionista junto a Scott Kosar, y el director de fotografía del film original es el mismo que el actual: Daniel Pearl.




La matanza de Texas 2004 es un film sucio, desgarrador, cruel y brutal. Es una revisión de la película de Hooper, que muta parte de sus elementos pero respeta ab-so-lu-ta-men-te su esencia.

¿Un remake? ¿Una copia? ¿Falta de ideas?

¿Sería posible llamar falta de ideas a la versión de Hamlet echa por Calixto Bieito para los escenarios teatrales?

Por fortuna, los remakes están ganando en peso y calidad, como es el presente caso, o el de la excelente Amanecer de los muertos, de Zack Snyder.

Nispel ambienta la película en el año 73, en un Texas igual de sucio y polvoriento que la primera, en esas comunidades endogámicas, de pequeñas urbanizaciones solitarias donde nadie (NADIE) debería parar a repostar.

Pero por suerte Nispel sabe desmarcarse de ciertos pasajes demasiado guignolescos de la partitura original, y establece las pautas para un horror más adulto (aunque esté protagonizado por jóvenes, que nada tienen que ver con las series Sé lo que hiciste el último verano y parejos), más psicológico, inquietante.

Así, episodios como el inicio, en el que se recogía a un autoestopista que se cortaba las venas ( y luego resultaba ser miembro de la familia trapisonda y caníbal), han sido sustituidos por impactos más certeros y demoledores. La chica que huye desorientada por la carretera (¿quizá la Marilyn Burns de la primera versión, la chica que al final se salva?) se pega un tiro después de avisar a los cinco chavales que están muertos. Toda una profecía que no hace sino verse cumplida al ir inmediatamente estos hacia la boca del lobo, pensando que están a salvo en manos del sheriff.

Y es que LMT2004 incorpora nuevos personajes y matiza a otros: el abuelo de antaño, que a duras penas podía empuñar un martillo, ha sido sustituido por un incapacitado en silla de ruedas, un mutilado que gasta una mala baba de agárrate que aquí te espero. La familia se compone, a su vez, del Sheriff Hoyt (R, Lee Ermey, el entrañable instructor de La chaqueta metálica, aquí en un papel de red-neck absoluto), su madre (la muy posesiva matriarca, en un papel que recuerda a la abuela Langelle de Predicador), una zumbada secuestra-niños, un crío con deformidades (¿demasiados cruces con los mismos genes?) que aún no ha sucumbido al placer de la violencia (la inocencia en la infancia) y, como no, el entrañable Leatherface.

Aunque pueda parecer mentira, Leatherface gana protagonismo en este film con respecto al anterior. Se dan las claves para entender el por qué de su comportamiento, pero tambien se le muestra como una bestia horrenda, omnipresente, amenazante, amante de la sangre y los higadillos. Caracuero y sus ganchos aparecen mucho más en este film, prodigio de los primeros planos escabrosos de masa encefálica, cortes, decapitaciones, descomposiciones, etc... Y el escalofriane rugir de la motosierra es otro protagonista más de la película.

Nispel obvia el final demasiado hiperbólico de la primera, cuyas referencias han llegado hasta la reivindicable La casa de los mil cadáveres de Rob Zombie, y apuesta por un entramado más complejo de relaciones interpersonales, como el personaje de la vecina oronda (por no llamarla gorda de la hostia) que acoge a la monumental Jessica Biel en su caravana.

Nispel aporta, además, tal cantidada de planos a retener en la memoria, que hacen las delicias de esperar un segundo, tercer, cuarto y quinto visionado. El suicidio de la chica (parecido a la muerte del mafioso en anime de Kill Bill I, con la cámara atravesando el craneo agujereado), el sheriff envolviendo la cabeza con un celofan (no es el Señor Lobo, desde luego), la primera aparicion de Leatherface tras la puerta corredera, la perscución entre las sábanas blancas, y un sinfín de mutilamientos mostrados de cerca que hacen estremecerse al más pintado. Ahí están tamiben, dos de los planos más salvajes que se hayan visto últimamente en un cine: la cauterización de una pierna amputada metiéndole sal a puñados, o la mirada de Leatherface a Erin (Jessica Biel, la nueva screamie queen, con un tipo que quita el hipo, y unos planos de su trasero que merecen todo mi aplauso a Marcus Nispel), la mirada a Erin, decía, con la cara de su novio cosida al jeto de Leatherface.

LMT2004 es una obra maestra, como lo fue en su momento la película original. Aprovecha sus mismas claves para dar una nueva visión al terror más puro, pero a su vez aporta un aliento de aire fresco en el panorama actual, demasiado anclado en terror para jovencitos. Ese sea quizá su principal problema: quizá gran parte del público de hoy en día no está acostumbrado a que le enseñen las cosas de frente, quzá están demasiado acostumbrados al distanciamento, a la soberbia que les hace creer que los monstruos son inferiores, que nada puede con ellos. Quizá el señor Bush les haya hecho creer que son indestructibles.

Pero ahí estará Leatherface para recordarles que no tienen por qué creer todo lo que les dicen en la escuela.


5 comments:

Pansete said...

Me llamó mucho la atención que el director de fotografía fuera el mismo que el de la primera versión, sobretodo teniendo en cuenta que en la película del 73 la fotografía es granulada y sucia y, en cambio, en la del 2004, es muy, muy preciosista (y lo digo como piropo: fascina ver una peli de terror que habla de la brutalidad y el horror pero es, en cambio, muy bella en términos formales).

Doc Moriarty said...

Salvando las distancias, sería algo así como la representación de la suciedad que Caravaggio plasmaba en sus obras.

Doc Moriarty said...

Descubro fascinado que, en su perfil, adora a Caravaggio.

Pansete said...

¡Sí señor! ¡Lo adoro sin mesura sobretodo porque era un tipo que, por lo visto, no la tenía!

Por cierto: felicidades por su blog (le he descubierto a través de "L'odi ampurdanés..."). Una pregunta: ¿el eje temático de las críticas será el cine llamado de terror?

Doc Moriarty said...

¿Eje temático?

¿Criterio?

Mi vocabulario es parco, estimado amigo.

Pero el terror y el sci-fi tienen su rinconcito en este cuchitril.

Please to meet you.