Monday, July 13, 2009

Brüno, de Larry Charles i Sacha Baron Cohen



Como quiera que sea que resulta inevitable empezar con una comparación respecto al último film de Sacha Baron Cohen, Borat, iremos al grano:

La película sobre el reportero de Kazajistán parecía más espontánia, menos falsificada y con las situaciones más naturales que la presente sobre el reportero de moda austríaco. En Brüno, la sospecha de pasteleo de escenas es mucho mayor.

¿Es eso intrínsecamente malo?

Teniendo en cuenta que Sacha Baron Cohen ha crecido en popularidad desde el estreno de Borat, se entiende que aumente la dificultad de actuar de forma infiltrada de la misma manera en que lo hacía antes. Aún y así, su capacidad para encontrar gente con sentido del humor que ni sabe de la existencia del cómico judío ni entenderá nunca dónde está la gracia de sus chistes es algo que juega a su favor.

Pero, ¿es divertida Brüno?

Leídas algunas críticas, me daba miedo encontrarme ante un cañardo. El tropiezo de un actor encumbrado.

Una vez superada la reticencia surgida de esa confusión realidad/ficción, y aceptada la película como lo que es (una comedia burra, una bufonada descomunal, con especial incidencia para poner el dedo en la/s llaga/s más abiertas de la sociedad estadounidense), Brüno es una obra excelente, divertidísima. Descacharrante. De lágrimas en los ojos y mandíbula dolorida. La sala de cine en la que la vi estaba llena hasta los topes, y no solo se estuvo riendo durante toda la proyección, sino que además prorrumpía en aplausos en los momentos cumbres del film. No sé ustedes, pero un servidor no asistía a tanto entusiasmo en una sesión de domingo por la tarde desde hace mucho tiempo.

¿Por qué?

Sacha Baron Cohen, reconozcámoslo, es un genio del humor. Tiene la presencia, el ingenio y la capacidad para dominar todos los resortes de la comedia. Y lo lleva al extremo. Crea un personaje sobre el que proyectarse (y a la vez escudarse). Ya sea Borat (racista, misógino, homófobo, ignorante, analfabeto, orgulloso de su vulgaridad) o Brüno (el contrapunto, igual de inculto, pero representante de todo lo que Borat odia), se ofrece como objeto de las críticas de una sociedad sin sentido del humor, y a la vez ejerce de catalizador de ellas.

Brüno es extrema en todos los sentidos. Concebida como una sucesión de gags con un mínimo hilo argumental (el reportero es despedido de su programa de moda, cae en desgracia y quiere volver a ser über-famoso), sigue un sendero por los estamentos más conservadores de Estados Unidos, provocándolos, estirándolos, tensando la cuerda hasta el máximo, hasta el riesgo de su propia integridad física. Los desfiles de modelos, el ejército, los famosos con alma de beneficiencia, el conflicto de Oriente Medio, los cazadores, los intercambios de parejas, los programas de testigos, la lucha libre... Baron Cohen no deja títere con cabeza, si bien es verdad que algunas de las set pieces funcionan mucho mejor que otras, y la mayoría están guionizadas en su tronco central. La gran multitud de objetivos, pero hace que la película tenga un ritmo endiablado y no adolezca en ningún momento de bajones de intensidad.

Además, plantea preguntas más que interesantes. ¿Hasta qué punto es lícito hacer humor con TODO? Así, el punto más sensible de la película es su pasaje por el conflicto israelo-palestino. Baron Cohen aprovecha de las ansias de cada comunidad de hacerse eco de su mensaje para dejar en ridículo a ambos. Introduce el humor para relativizar, para igualar a los bandos en la ridiculización. Luego muestra no solo una gran capacidad de trabajo de producción al conseguir una entrevista con un líder terrorista, sino una enorme valentía al plantearle preguntas y sugerencias que en la vida el hombre se hubiera imaginado que le iban a soltar. ¿Consigue algo Baron Cohen a parte de hacernos reir con estos gags trampa? Creo que sí. ¿Es un tema delicado sobre el que no debería hacerse humor? El debate está abierto (o no, que a mi me da igual), pero encontré una ventana abierta que no se había explorado antes.

Al fin y al cabo, Brüno es una película de chistes sobre maricas y nazis. Me sorprendió muy gratamente el enorme número de referencias a, por ejemplo, Hitler y el nazismo, desde la óptica naïf e inocentemente vil de Brüno. Sobre los gays, Baron Cohen coge todos los estereotipos habidos y por haber y los lleva al extremo. Y una vez los ha situado allí, los echa en cara a la gente. Memorable son los segundos de silencio incómodo durante la fogata noctura de los cazadores.

No me apetece recordar aquí los sketches de Brüno. Bueno, miento. Sí me apetece. Pero prefiero que sean ustedes quienes descubran las sorpresas que la película esconde tras cada burrada nueva. Son muchas. Muchísimas. Y la sonrisa vuelve a los labios cada vez que el recuerdo de alguna de ellas vuelve a tu cabeza. Brüno tiene al menos diez momentos antológicos de pura comedia. Pero comedia poco común. De la absolutamente transgresora. De la que se marca a fuego. De la que, en definitiva, solo los grandes pueden llegar a construir.

Y solo un grande como Sacha Baron Cohen puede hacer esa última set-piece, rodeado de amigos antaño poderosos. Cuando escuchen y tarareen la canción, reflexionen. ¿Son los artistas famosos quienes dan prestigio a Baron Cohen, o ha llegado ya el momento en que son ellos quienes salen favorecidos de reunirse con el Último Gran Talento Cómico?



PS. Qué demonios. ¡Recordemos escenas!
Ese test screening gritando ¡Brüno!
La entrevista con el terrorista y la frase: Vuestro Rey Osama es como un Santa Claus mendigo.
Las caras de asco del público de la lucha libre cuando empieza el espectáculo gay de Dave el Hetero.
El traje de Velcro.
Paula Abdul y las sillas humanas mejicanas.
OJ, el niño afroamericano de un país llamado África.
La mamada via medium a Milli, de Milli y Vanilli...

1 comment:

videodromo said...

BLas lágrimas qeu pude derramar riéndome con Bruno. Tu sabes lo que sufrí al no poder contar a nadie porque todos los que asistimos al pase firmamos un contrato y no podíamos publicar la crítica hasta determinado día. En conjunto Borat es mejor, es más fresca y vital, pero con Bruno lleva el experimento al extremo radical, llegas a sentir verguenza por el género humano. Es muy heavy. No deja títere con cabeza. Pero sería un error por parte de Baron Cohen de volver a repetir fórmula, porque más allá no se puede ir.