Monday, September 04, 2006

Alatriste (2006)

Alatriste, de Agustín Díaz Yáñez.

Vaya por delante que de la saga Alatriste solo leí completo el primer volumen, dejando inacabados un par más, por la sencilla razón que eran un auténtico coñazo. Alabo la capacidad de Arturo Pérez-Reverte para introducirnos en la España del Siglo XVII, lo que le recrimino (si soy yo alguien para recriminar algo) son los pocos ánimos para que nos quedemos en ella.

Así, el Alatriste de Agustín Díaz Yáñez es una excelente adaptación de las novelas del cartaginés: nos trasladan directamente a esa época, pero nos envuelven en el sopor.

Iba al cine con ganas, algo bastante iluso por mi parte, porque creía en el film. Creía que por fin que en este país de cine de cabra y organillo se iba a rodar como los grandes, con un presupuesto holgado, con una ambientación impresionante, y con una historia que te atrapara. En cualquier otro campo, un dos de tres sería un buen balance. Pero esto es cine, amigos, y si el tercero en discordia es la historia, apaga y vámonos.

Y es que Alatriste lo tiene todo para triunfar, pero se queda a medio camino. Es como la selección española de futbol, la eterna promesa, que acaba recurriendo a los raúles de siempre para caer antes de cuartos.

El caso es que esta es la enésima versión de una novela de Pérez Reverte al cine, y el enésimo fiasco consecutivo. Quizá algo superior a las anteriores, un objetivo no muy difícil si contemplamos que La tabla de Flandes era como para cortarse las venas en una bañera llena de sal (ese gitano rubio y surfero, ese multimillonario que vivía en la Pedrera de BCN...) y La novena puerta (adaptación de El club Dumas, quizá la mejor novela del escritor hasta el momento) ni parecía de Polanski, ni tenía chicha alguna. La película freelance que fue Territorio Comanche (tanto como el libro en la bibliografía de Arturo) era de las pocas que aguantaban el tiro (permitidme el chiste macabro).

¿Qué es lo que falla pues en Alatriste? Pues que Díaz Yáñez, el supuesto enfant terrible venido a menos del cine español, ha caído en los errores de la vieja guardia: querer darle demasiada enjundia psicológica a una historia que, ni la tiene ni la necesita. Y su pretensión ha sido ejecutada mediante un ritmo decayente y torpe, que avanza a trancas y barrancas.

Quien mucho abarca poco aprieta, y si se hubiera llevado a la pantalla una o a lo sumo dos novelas del capitán, el resultado hubiera sido bastante mejor. Hay tantas historias, tantos personajes, y todos quieren tener tanta entidad, que la película acaba por convertirse en un puzzle aburrido, con muchos altibajos y derroteros incomprensibles, con parones y lagunas de bostezo y almohada. Los tijeretazos, que se nota los ha habido, han sido hechos en momentos equivocados del film. ¡Y eso que el resultado final ha sido de dos horitas y media! No le hubieran ido mal en fragmentos de la historia absolutamente prescindibles, sobretodo por parte de la historia de Angelica (que contiene las escenas menos explicadas de la historia reciente del cine español, como el cuchillazo en la pantorrilla de Iñigo), aunque seguramente se debe a la incapacidad de Elena Anaya y Unax Ugalde por hacer creíbles sus personajes. Su dominio del tempo es penoso, las réplicas son postizas, sin dinamismo, envueltas en un halo de dramatismo falso propio de culebrón juvenil, pero entre candelas y terciopelos. Ariadna Gil se suma a la Comitiva Por El Bostezo en Alatriste, con el mismo personaje que interpreta siempre, aquel que sabes que solo sirve para cabalgar en la cama del protagonista y originar un conflictivo e imposible trío amoroso. Ella no lo hace mal, pero es algo que la hemos visto hacer demasiadas veces. Historias que ocupan tan poco espacio y quedan tan diluidas como la de la ¿pareja? de Malatesta (lástima de la buena actuación de Pilar López de Ayala), o la aparición espóradica casi como cameo de ciertos personajes (el Espínola del impresionante Francesc Orella), lastran la película, y la convierten, si bien no en otra Juana la loca o Carmen, sí en un proyecto fallido.

Y es una pena, porque creo que este es el buen camino. Una producción tan soporífera como esta, con tan buenos ingredientes, quizá hubiera mejorado con otro cocinero.

No es de recibo derrochar tanto en ambientación, en credibilidad de las escenas, en una inmersión total en la atmósfera del film, para no dar el puntazo final. Eso es algo de lo que Pérez Reverte suele adolecer: qué bien escribe, pero qué poco interesan algunas historias (y las de Alatriste, menos aún).

Y es que El Capitán Alatriste es el reflejo de los personajes de Arturo en un pasado a lomos de la gloria y la decadencia. Una traslación que algunas filmografías vecinas han sabido llevar a cabo, o lo han intentado (en Francia con más o menos acierto, en Alemania fatal lo mires como lo mires), y que cuanto menos es encomiable.

El personaje de Alatriste, desencantado, anacrónico en su época, fiel a su manera y hombre de palabra, es el hombre que Arturo Pérez Reverte querría ser. El personaje que ha inventado y que protagoniza una y otra vez todas sus novelas (aunque con nombres diferentes) y con cuya piel se viste cada vez que se disfraza de reportero de guerra que yo lo he visto todo y la gente es muy mala.


El físico de Viggo Mortensen es perfecto para el papel. Te crees que es Alatriste, como hizo creíble a Arargorn. Y a pesar de su medianía como actor (su interpretación no es para echar cohetes, pero tampoco es Ben Affleck), lleva el peso de la película con dignidad (cuando la peli no quiere convertirse en un relato coral y naufraga estrepitósamente). Una pega hay que achacarle, y es que aunque se le agradece el esfuerzo por hablar castellano (que si se crió en Argentina y bla bla bla), no lo habla bien. Y ya no es que no vocalice como el noventa por ciento de los actores españoles, es que parece que hable del revés, como un disco satánico, como el Peter Cushing de Top Secret. Y eso molesta. Y se nota. Y canta como el pie de Fernando Romay en Mira quién baila.

A su alrededor, hay que alabar la labor de cásting. Juan Echanove está perfecto como Quevedo (lástima que el espectador medio no sepa de qué le están hablando cuando se refieren, tangencialmente, a sus aventuras y desventuras en Madrid, ni ellos se molesten en explicarlo), Javier Cámara borda el papel de Conde Duque de Olivares (y demuestra que es uno de los mejores actores del panorama cinematográfico actual). Sin embargo, ¿qué pinta Blanca Portillo como el Inquisidor Bocanegra? Su presencia distrae del personaje, que, por otro lado se pasea como un fantasma por la trama. O el rival de Alatriste, el tal Malatesta, desdibujado y rebajado con agua, como un vulgar vinacho de tasca universitaria, a la categoria de yo pasaba por aquí a hacer de malo. Destaco la aparición de dos actorazos como Eduard Fernández y Francesc Garrido, en dos composiciones redondas, aunque secundarias (en un film donde todo es secundario).

Las luchas, coreografiadas con hiperrealismo, destacan por su calidad y su escasez en todo el metraje. Uno se pasa toda la película esperando la próxima pelea, el siguiente duelo, a ver si se anima. Porque la sensación es esa: a ver cuando arranca. Y nunca lo hace.

Qué pena, en fin, que la primera escena sea la buena. Que esa niebla, esa oscuridad del campo de batalla y del alma (Flandes es el infierno, afirma Alatriste), con el prodigio de detalles como la mecha en la muñeca, o los planos cenitales sobre los soldados enemigos, se pierdan en una amalgama de historias confusas, como si todos los personajes lucharan su propia batalla, en detrimento de la película, montada de forma asíncopada, para terminar en cinco o seis finales, a cual más aburrido y carente de emoción. La batalla final, pretendídamente épica, parece un postizo, un alargarlo más que aún puedo animar el cotarro, y se hace risiblemente interminable.

Este es el camino para el cine español, sí, pero me temo que aún tendremos que dar vueltas y vueltas y dejar de perdernos por el bosque de la pretenciosidad para llegar a buen puerto.




4 comments:

SisterBoy said...

En taquilla está arrasando pero hasta ahora el cien por cien de los comentarios coinciden en el factor coñacil. Vamos que esperaré a que la den por televisión.

Rafael P. said...

En taquilla arrasa porque es producto nacional, y esos la gente los va a ver sin cuestionarlos, aunque luego se arrepienta.

Mangarran said...

Coincido con tu crítica,(salvo en lo de los libros: a mi me gustaron todos salvo "El oro del rey")y estoy esperando que salgan los dos que quedan.
Tanto yo como Sisterboy nos preguntamos cómo has hecho para poner la imagen en tu cabecera?
Llevo meses intentándolo.
Saludos

SisterBoy said...

Que lo diga Que lo diga