Premiere europea de la última de Batman en Barcelona, cine Coliseum, los primeros en la cola desde las seis y media de la tarde, entrada a las nueve y media y aparición de los actores en el teatro a las once. Para entonces ya no me quedaban piernas, de pequeñitas que son las butacas. Maggie Gyllenhal se pasea como si estuviera drogada en Rivendel, Aaron Eckhart intenta simular que no tiene parentesco con Ben Affleck, Christopher Nolan es consciente que su cara no le suena a nadie y Christian Bale tiene prisa por largarse a zurrar a su madre.
Así que tras dos horas y media de film, al descomprimirme en la calle (ya no tengo extremidades, son archivos winrar), pienso que la peli está bien, pero tampoco es la obra maestra que nos están vendiendo por todos lados. Es más, tiene algún que otro defecto molesto. Y la puntuación en imdb (que por entonces rondaba el 9,7) está hinchadísima, más o menos como mis rodillas. Que sí, que me ha gustado, pero...
La cosa me recuerda al fenómeno Batman de Burton. La peli en si no se parece nada, claro (la he intentado ver esta mañana y no ha aguantado el paso del tiempo), pero lo que ocurre alrededor sí. Ese fue uno de los primeras films de superhéroes como blockbuster (sin contar con el Superman de Donner), y tuvo una repercusión espectacular. Ahora parece que se repite algo de ese esquema.
Han pasado dos días desde que viera el film, y los defectos se han ido amorteciendo para dejar paso a las virtudes. De hecho, mi opinión sobre El caballero oscuro va mejorando por momentos. Me está gustando cada vez más, a medida que pasan las horas. Es una sensación extraña cuando ocurre algo así (porque pasa pocas veces), y no te puedes fiar mucho de ella. Pero algo querrá decir...
El caballero oscuro no es una película de superhéroes. Ni tan siquiera creo que sea una película de héroes, en el sentido clásico. Porque Nolan decide que los héroes están condenados a no serlo. El caballero oscuro es una película de justicieros, en el sentido más amplio del término. Y, lo que es mejor, es una reflexión más profunda de lo que parece sobre la justicia y la fina linea que separa el bien del mal.
Pero prefiero empezar por los errores, que así nos los sacamos de encima y no pensamos más en ellos.

Christopher Nolan no tiene segunda unidad. Lo filma todo. Y Nolan, como ya pudimos comprobar en Batman begins, no sabe rodar acción. Se le atraganta. Las peleas son confusas, y cuesta distinguir a los personajes, o quien dispara a quien; las persecuciones están todas rodadas igual, con esos planos need for speed de coches, motos o lo que sea. Que vale, hay alguna mejora respecto a la anterior, y quizá es algo más nítido. Pero no es Leterrier, por citar un director reciente con elegancia visual en las escenas de acción. Ni el McTiernan de los buenos tiempos, a años luz.
Tampoco ayuda en exceso ese montaje asincopado. Deduzco que han querido meter tantas historias, y profundizar en todas ellas, que la narración se torna esquemática, con escenas brevísimas y escenas en paralelo que no acaban de encajar. Este es quizá el defecto que más me ha chirriado. Claro que de utilizar un montaje más clásico la duración del film podría haber rondado las cuatro horas, y eso sí sería imperdonable.
¿Era necesario abrir tantas líneas argumentales en The Dark Knight, pues?
Yo creo que sí.
La apuesta de Nolan por dar protagonismo a secundarios y villanos, elevándolos a protagonistas junto al hombre murciélago resulta acertada. Asistimos a un ensayo sobre la justícia, sus límites y sus consecuencias, en las múltiples facetas aportadas por Wayne/Batman, el Joker, Harvey Dent (y Dos Caras) o el mismo Lucius Fox. Abandona la temática del miedo que marcó Batman begins y desarrolla la de la culpabilidad del héroe, la responsabilidad y legitimidad de sus acciones. Batman es uno más en este escenario, quizá el germen de la locura de Gotham, quizá el imán que atrae a más como él. Esa reflexión sobre el vigilante es una de las grandes bazas de El Caballero Oscuro. En un momento de la película, Dent afirma algo así como "O mueres como un héroe, o vives el tiempo suficiente como para convertirte en villano".
Así que de golpe, uno se percata que no está viendo una película de superhéroes al uso, como he dicho al principio. El Caballero Oscuro es un thriller épico de justicieros, una magna obra sobre el bien y el mal, un fresco inmenso sobre el orden y el caos y aquellos que luchan en ambos bandos. El Caballero Oscuro está más cerca de Heat que de Spiderman, es más DC Comics (Detective Comics, recordemos) que Marvel. Es más policial que mutante. Es más oscura que optimista. El Caballero Oscuro es El imperio Contraataca de la saga Batman. Nadie está a salvo en ella, nadie, y el pozo de carbonita acecha en cada plano.

Mención especial para el espectacular trabajo a cuatro manos de Hans Zimmer y James Newton Howard, que dotan de personalidad y sutileza cada uno de los temas musicales compuestos para el film. Y la fotografía fría y metálica de Wally Pfister encaja a la perfección (atención a la secuencia en Hong Kong, digna de Misión Imposible, o esas luces blancas en los pisos falsos del edificio Wayne).
En el apartado actoral, y para empezar, decir que Maggie Gyllenhall sale horriblemente fea. Tiene las mejillas como balones de futbol, los ojos descolgados de la cara y las tetas de la niña Medeiros. Y eso que es guapísima, como vi en la premiere. Pero la debe haber maquillado un rinoceronte borracho. Su actuación es correcta, pero demasiado kirstendunizada, para mi gusto.
Aaron Eckhart es actor porque es rubio, tiene la mandíbula cuadrada y es alto. Aquí no lo hace del todo mal, es más, hay momento en que te lo crees, y el personaje de Harvey Dent, como reverso luminoso de Batman está muy logrado. Gary Oldman en su linea impecable, ni una sola pega, así como Morgan Freeman y Michael Caine, absolutamente espléndidos en su papel.

¿Y Christian Bale? Pues el mejor Batman y Bruce Wayne de los posibles. Cuando es el cruzado enmascarado (de Playtex) resuelve su actuación física de forma ejemplar (cuando no es un doble, claro, pero no me doy cuenta de eso), imposta la voz de forma exageradísima (pero adecuada) y esta vez no le baila la máscara por la cara (se la han hecho a medida, por fin!). Como Wayne, no llega al nivel de puterío cínico del Tony Stark de Robert Downey Jr., pero te lo crees a la perfección cuando llega a una fiesta en helicóptero agarrado a tres muchachas bien lozanas. Está impecable, y el personaje le entra como anillo al dedo. El cine entero ovacionó la machada de la moto en la pared.
Pero claro, no nos podíamos olvidar del que desgradaciadamente se ha convertido en el gran protagonista de la función. Heath Ledger, como el Joker, en un papel que será recordado durante años y que le marcará para siempre.
A ver, ¿cómo puedo decirlo?

La primera vez que aparece en pantalla, la gente arrancó en aplausos. En la segunda, el público se calla. En la tercera, estábamos todos angustiados y agarrados a la butaca.
La interpretación de El Joker por Heath Ledger es rotunda, colosal, magnífica. Absorve cada segundo que aparece en plano, y lleva un paso más allá a un personaje conocido por todos. Lo lleva al límite de sus posibilidades. Ledger actua con las tripas, usa cada músculo de su cuerpo para encarnar al archivillano de Batman, inquieta con su presencia y teje un malvado de antología. Sinceramente, la interpretación de Ledger hace que Nicholson parezca un muermo.
Además, el personaje de El Joker tiene la gran fortuna de ir creciéndose a medida que avanza el metraje. Del simple (y expeditivo) atracador de bancos con que abre la película (grandísima escena que define el tono del film, muy Charles Bronson, con un no menos soberbio William Fichtner) al peligro público número uno en que se convierte al final. Esa progresión ascendente hace que nos creamos su evolución. Eso, y el enorme acierto que supone darle un cariz diferente a su biografía. Creédme: este Joker está a la altura de Keyser Söze. El plano secuencia del hospital, con él andando absolutamente desquiciado, se ha quedado gravado en mis retinas.
No espereis ver en El caballero oscuro monstruos de final de pantalla, ni enemigos saltimbanquis, ni superpoderes. Los personajes aquí respiran, sufren, interrogan, luchan y dudan. El caballero oscuro va más allá del simple entretenimiento veraniego, que lo es, y nos plantea cuestiones que debemos responder.
¿Estamos dispuesto a TODO para defender lo que creemos que es justo?
¿Sabeis algo? Mi opinión sobre The Dark Knight realmente va mejorando por momentos.
Así que tras dos horas y media de film, al descomprimirme en la calle (ya no tengo extremidades, son archivos winrar), pienso que la peli está bien, pero tampoco es la obra maestra que nos están vendiendo por todos lados. Es más, tiene algún que otro defecto molesto. Y la puntuación en imdb (que por entonces rondaba el 9,7) está hinchadísima, más o menos como mis rodillas. Que sí, que me ha gustado, pero...
La cosa me recuerda al fenómeno Batman de Burton. La peli en si no se parece nada, claro (la he intentado ver esta mañana y no ha aguantado el paso del tiempo), pero lo que ocurre alrededor sí. Ese fue uno de los primeras films de superhéroes como blockbuster (sin contar con el Superman de Donner), y tuvo una repercusión espectacular. Ahora parece que se repite algo de ese esquema.
Han pasado dos días desde que viera el film, y los defectos se han ido amorteciendo para dejar paso a las virtudes. De hecho, mi opinión sobre El caballero oscuro va mejorando por momentos. Me está gustando cada vez más, a medida que pasan las horas. Es una sensación extraña cuando ocurre algo así (porque pasa pocas veces), y no te puedes fiar mucho de ella. Pero algo querrá decir...
El caballero oscuro no es una película de superhéroes. Ni tan siquiera creo que sea una película de héroes, en el sentido clásico. Porque Nolan decide que los héroes están condenados a no serlo. El caballero oscuro es una película de justicieros, en el sentido más amplio del término. Y, lo que es mejor, es una reflexión más profunda de lo que parece sobre la justicia y la fina linea que separa el bien del mal.
Pero prefiero empezar por los errores, que así nos los sacamos de encima y no pensamos más en ellos.
Christopher Nolan no tiene segunda unidad. Lo filma todo. Y Nolan, como ya pudimos comprobar en Batman begins, no sabe rodar acción. Se le atraganta. Las peleas son confusas, y cuesta distinguir a los personajes, o quien dispara a quien; las persecuciones están todas rodadas igual, con esos planos need for speed de coches, motos o lo que sea. Que vale, hay alguna mejora respecto a la anterior, y quizá es algo más nítido. Pero no es Leterrier, por citar un director reciente con elegancia visual en las escenas de acción. Ni el McTiernan de los buenos tiempos, a años luz.
¿Era necesario abrir tantas líneas argumentales en The Dark Knight, pues?
Yo creo que sí.
La apuesta de Nolan por dar protagonismo a secundarios y villanos, elevándolos a protagonistas junto al hombre murciélago resulta acertada. Asistimos a un ensayo sobre la justícia, sus límites y sus consecuencias, en las múltiples facetas aportadas por Wayne/Batman, el Joker, Harvey Dent (y Dos Caras) o el mismo Lucius Fox. Abandona la temática del miedo que marcó Batman begins y desarrolla la de la culpabilidad del héroe, la responsabilidad y legitimidad de sus acciones. Batman es uno más en este escenario, quizá el germen de la locura de Gotham, quizá el imán que atrae a más como él. Esa reflexión sobre el vigilante es una de las grandes bazas de El Caballero Oscuro. En un momento de la película, Dent afirma algo así como "O mueres como un héroe, o vives el tiempo suficiente como para convertirte en villano".
Así que de golpe, uno se percata que no está viendo una película de superhéroes al uso, como he dicho al principio. El Caballero Oscuro es un thriller épico de justicieros, una magna obra sobre el bien y el mal, un fresco inmenso sobre el orden y el caos y aquellos que luchan en ambos bandos. El Caballero Oscuro está más cerca de Heat que de Spiderman, es más DC Comics (Detective Comics, recordemos) que Marvel. Es más policial que mutante. Es más oscura que optimista. El Caballero Oscuro es El imperio Contraataca de la saga Batman. Nadie está a salvo en ella, nadie, y el pozo de carbonita acecha en cada plano.
Mención especial para el espectacular trabajo a cuatro manos de Hans Zimmer y James Newton Howard, que dotan de personalidad y sutileza cada uno de los temas musicales compuestos para el film. Y la fotografía fría y metálica de Wally Pfister encaja a la perfección (atención a la secuencia en Hong Kong, digna de Misión Imposible, o esas luces blancas en los pisos falsos del edificio Wayne).
En el apartado actoral, y para empezar, decir que Maggie Gyllenhall sale horriblemente fea. Tiene las mejillas como balones de futbol, los ojos descolgados de la cara y las tetas de la niña Medeiros. Y eso que es guapísima, como vi en la premiere. Pero la debe haber maquillado un rinoceronte borracho. Su actuación es correcta, pero demasiado kirstendunizada, para mi gusto.
Aaron Eckhart es actor porque es rubio, tiene la mandíbula cuadrada y es alto. Aquí no lo hace del todo mal, es más, hay momento en que te lo crees, y el personaje de Harvey Dent, como reverso luminoso de Batman está muy logrado. Gary Oldman en su linea impecable, ni una sola pega, así como Morgan Freeman y Michael Caine, absolutamente espléndidos en su papel.
¿Y Christian Bale? Pues el mejor Batman y Bruce Wayne de los posibles. Cuando es el cruzado enmascarado (de Playtex) resuelve su actuación física de forma ejemplar (cuando no es un doble, claro, pero no me doy cuenta de eso), imposta la voz de forma exageradísima (pero adecuada) y esta vez no le baila la máscara por la cara (se la han hecho a medida, por fin!). Como Wayne, no llega al nivel de puterío cínico del Tony Stark de Robert Downey Jr., pero te lo crees a la perfección cuando llega a una fiesta en helicóptero agarrado a tres muchachas bien lozanas. Está impecable, y el personaje le entra como anillo al dedo. El cine entero ovacionó la machada de la moto en la pared.
Pero claro, no nos podíamos olvidar del que desgradaciadamente se ha convertido en el gran protagonista de la función. Heath Ledger, como el Joker, en un papel que será recordado durante años y que le marcará para siempre.
A ver, ¿cómo puedo decirlo?
La primera vez que aparece en pantalla, la gente arrancó en aplausos. En la segunda, el público se calla. En la tercera, estábamos todos angustiados y agarrados a la butaca.
La interpretación de El Joker por Heath Ledger es rotunda, colosal, magnífica. Absorve cada segundo que aparece en plano, y lleva un paso más allá a un personaje conocido por todos. Lo lleva al límite de sus posibilidades. Ledger actua con las tripas, usa cada músculo de su cuerpo para encarnar al archivillano de Batman, inquieta con su presencia y teje un malvado de antología. Sinceramente, la interpretación de Ledger hace que Nicholson parezca un muermo.
Además, el personaje de El Joker tiene la gran fortuna de ir creciéndose a medida que avanza el metraje. Del simple (y expeditivo) atracador de bancos con que abre la película (grandísima escena que define el tono del film, muy Charles Bronson, con un no menos soberbio William Fichtner) al peligro público número uno en que se convierte al final. Esa progresión ascendente hace que nos creamos su evolución. Eso, y el enorme acierto que supone darle un cariz diferente a su biografía. Creédme: este Joker está a la altura de Keyser Söze. El plano secuencia del hospital, con él andando absolutamente desquiciado, se ha quedado gravado en mis retinas.
No espereis ver en El caballero oscuro monstruos de final de pantalla, ni enemigos saltimbanquis, ni superpoderes. Los personajes aquí respiran, sufren, interrogan, luchan y dudan. El caballero oscuro va más allá del simple entretenimiento veraniego, que lo es, y nos plantea cuestiones que debemos responder.
¿Estamos dispuesto a TODO para defender lo que creemos que es justo?
¿Sabeis algo? Mi opinión sobre The Dark Knight realmente va mejorando por momentos.
