Monday, June 30, 2008

El increíble Hulk, de Louis Leterrier

A pesar que disfruté del Hulk de Ang Lee, debo reconocer que es una película que no soporta un segundo visionado. Su introducción se me antoja lenta y aburridilla, el malo es de pena, el conflicto psicológico está sobredimensionado, le falta humor y le sobra el final pirotécnico dadaista.

Como quiera que sea que no soy el único que piensa así, la Marvel ha cogido a su monstruo verde, un actor deluxe como Edward Norton y un director especializado en acción vitamínica y los ha mezclado para remontar la saga pocos años después del relativo fiasco de la Masa de Eric Bana.

Por el trailer me esperaba lo peor, un refrito a lo tekken con guión del mismo guionista que perpretó la infumable Elektra.

Y debo decir que lo único que no me ha gustado de El increíble Hulk de Louis Leterrier son los pelucones que Norton lleva la mayor parte del metraje. ¿Es que no hay buenos peluqueros y maquilladores en Hollywood? ¿qué necesidad existe de ponerle esas tofas en la cabeza? ¿Hay alguna segunda lectura que se me escapa?



Por lo demás, El increíble Hulk es una de las películas de superhéroes más honestas y efectivas que he visto. No se entretiene más de lo necesario en la profundización psicológica jekylhydeana, que es uno de los lastres que suelen tener las pelis de tíos con mallas que quieren ir en serio.

Seamos francos: los que leíamos (y leemos) tebeos de la Marvel y la DC nos gusta verlos en acción. La parte seria está bien, pero no hay que sobredimensionarla. y El increíble Hulk no lo hace.

Además, afortunadamente, se salta el típico proceso de "Cómo llegué a ser un tipo con doble identidad", y no tarda más de tres segundos en condensarlo. A partir de allí, el film se estructura como un blockbuster veraniego por acumulación de escenas de acción.

Y bravo.

Bravo porque Leterrier (discípulo del sobrevalorado Luc Beson) ya había dado muestras de divertirse y divertirnos en medio del jaleo en sus entretenidísimas (y basta) Transporter 1 y 2. Esa escena de pelea de Jason Statham sobre aceite de motor era toda una garantía de buenas maneras. Y en Hulk coge el toro (verde) por los cuernos y nos mete en un tour de force digno de aplauso, lleno de influencias del género (de Michael Bay a Paul Greengrass). Las mejores escenas de acción de este año las encontraremos en El increíble Hulk. Por calidad y por cantidad. Y sobre ellas quizá la que destaca es la de Brasil, con una dirección y un montaje soberbios.



A todo eso le ayuda el tono desenfadado del discurso. Abandona cualquier pretensión de trascendencia e impregna el film del espíritu marvel. No importa que la forma no sea tan aproximada al cómic como en la peli de Ang Lee (con esas viñetas en movimiento), pero en el fondo sí se le acerca más. Y Leterrier sabe qué debe encuadrar y cómo tiene que hacerlo en cada momento.

En El increíble Hulk se introduce el humor más comiquero, igual que con Iron Man. El humor viene con forma de guiños (el por qué de los pantalones anchos, algunos personajes o corporaciones que salen de las páginas de los tebeos) o con situaciones, cameos o diálogos. Diálogos directos y tajantes, como debe ser. Y fluye perfectamente.

Edward Norton está raro. Bien, como siempre, pero raro (y con pelucones). El monstruo verde no me acaba de convencer en su fisonomía, demasiado atractiva. Liv Tyler se ha hecho mayor, sigue guapa pero ya no tiene cintura. Y Tim Roth está inmenso, pasándoselo en grande, disfrutando de cada segundo que aparece en pantalla en uno de esos personajes villanos robaplanos.

Poco más puedo decir. El increíble Hulk no es Fritz Lang. No es Orson Welles. Ya lo sabíamos. Pero es garantía de dos horas de boca abierta y mirada fascinada, de vibrar en la butaca del cine, de disfrutar y no querer bajar de la montaña rusa. Y es la confirmación de la llegada de un nuevo mundo a las salas. El Marvel definitivo. El cómic, por fin, como nos gusta leerlo.

Sunday, June 15, 2008

El incidente, de M. Night Shyamalan


Quizá el máximo error de Shyamalan fue crear esa obra cumbre en el cine de fantasmas de final de siglo que era El sexto sentido. Argumental y cinematográficamente. Quizá porque desde entonces ese es el rasero por el que se miden sus films. Y a pesar de ser una gran película, no es su mejor largometraje.

Shyamalan se ha visto acompañado siempre por la controversia desde entonces. Ya sea porque algunos ven en él un bluff, un copycat de mucho cuidado, o porque otros ven el salvador del género, las opiniones se polarizan y acentúan a medida que va estrenando proyectos, y él se ve atrapado en el dilema de tirar adelante o copiarse a si mismo.

El incidente es su último film tras ese fiasco en taquilla y crítica que fue la (preciosa) La joven del agua.

En mi opinión, Shyamalan es un director tan coherente como irregular. Sus historias siempre intentan abarcar un pequeño nucleo familiar o social para exponer una problemática global, y se sirve de situaciones cotidianas y humorísticas para generar terror, con una cantidad entre aceptable y abusiva de giros de guión. A menudo le funciona y otras veces no. Si soy franco, no soporto El bosque, pero el resto de su filmografía es más que digna, con piezas de culto y lo que podríamos denominar gotas de calidad: pequeños oasis en sus films, escenas resueltas de forma absolutamente ma-gis-tral. A saber, la escena en la estación de tren de El protegido, el momento alien brasileño en Señales (que tiene un homólogo en el momento iPhone del zoo en El incidente), o las apariciones fantasmagóricas de El sexto sentido.

Sabes que, aunque en conjunto el film pueda o no gustarte, siempre hay destellos de alguien que sabe mucho de cine.

No diré que Shyamalan es el renovador del séptimo arte, pero sí que me gusta mucho su forma de narrar, y conecto bastante con el espíritu klaatu barada niktó de sus films, aún a pesar de sus algo obvios mensajes sobre la muerte, el destino, la fe o, en este caso, el ecologismo.

El incidente, de M. Night Shyamalan no es una película redonda. Pero sí es un film notable y, en su género, entra directo a las posiciones privilegiadas de cualquier ránking.

Si hasta hoy el director indio parecía recurrir a su maestro Spielberg en el diseño de los films, parece que en esta ocasión ha cambiado de referentes. The happening es endogámica en lo que a segunda lectura de Señales se refiere. Pero sobretodo remite des del el primer hasta el último plano al Hitchcock de Los pájaros. Incluso se podría aventurar que se trata de un remake de la película de Tippi Hendren sin las gaviotas ni el poblado pesquero, pero con todos los demás ingredientes. La banda sonora de Newton Howard es una constante referencia al bueno de Bernard Herman, y esa primera escena con la chica rubia de pelo recogido en un moño (tan vértigo) haciendo lo que hace (tan y tan vértigo) no deja lugar a dudas.



La amenaza invisible se convierte en el motor de la película, y Shyamalan sabe cómo rodarla. La sensación de paranoia y de búsqueda de explicaciones quizá se vuelve algo reiterativa, porque al director la abstracción es algo que le cuesta (como a tito Steven), pero cuando se trata de rodar algo de forma física es un cabrón con gancho. Sabe mantener el tempo y dosificar la tensión de tal forma que es de los pocos autores actuales capaces de detenerte la respiración. O al menos conmigo le funciona.

No todo es positivo, claro. Dejando a parte los lamentables errores de edición (que se vea el micrófono unas dieciocho veces en pantalla dice bastante poco de la revisión que ha pasado El incidente), lo más clamoroso es un montaje descuidado, que ha cercenado algunas escenas del guión original pero no otras que hacen referencia directa a ellas. Y me explico: hay mucho cabos sueltos que creo tienen más que ver con las tijeras que con la goma de borrar. Es como si Shyamalan hubiera dejado la peli tal como está después del primer montaje, y no la hubiera vuelto a ver, que ya me ha quedado bien y soy un director maldito, que lo que pasa es que no entendeis mi talento.

Así, algunos diálogos forzados, pocos naturales (lo que contradice el espíritu de sus films), o impostados hacen que la parte argumental pierda fuerza. Obviemos la actuación acelgosa de Zooey Deschanel, o que el personaje de la niña es absolutamente prescindible. Eso tanto me da (como me resbala bastante cualquier explicación al fenómeno causante de los suicidios) si la parte más visual del film es tan fuerte como para abstraerme. Y en El incidente lo es.



Sé que a mucha gente los planos de los árboles, la hojarasca o los hierbajos al viento le podrá resultar ridículo o hasta cómico. No hay monstruos en El incidente. No hay naves espaciales. No hay NADA VISIBLE que ataque a los protagonistas. Pero hay ataque. Y hay persecución y huida, y Shyamalan lo filma como pocos. Sin efectos especiales ni grandes alardes, incluso más contenido que de costumbre en sus habituales filigranas y ángulos de cámara, el director aborda una historia mínima y le impregna tensión, ayudado por unos correctos Mark Walhberg i John Leguizamo. Y se vuelve valiente, porque muchas de las decisiones que toma aquí hubieran sido impensables anteriormente en su filmografía. Me refiero sobretodo a la escena de la cabaña cerrada, otro tipo de enemigo invisible. Lástima que abuse del recurso a los informativos televisivos o la comunicación vía nuevas tecnologías, o que inserte fragmentos de personajes ajenos a los protagonistas (los paramilitares, las abuelitas con máscaras de gas) que hacen flaquear el punto de vista utilizado en casi todo el metraje.

Dejo para el final lo más importante. Aquello por lo que vale la pena pagar la entrada y sentarse en el cine a disfrutar (y sufrir) El incidente. La mejor colección de escenas de fantastique de las últimas décadas: los suicidios. Los hay, y muchos, y todos planificados de formas distintas. Y todos ejecutados de forma brillante. Los operarios lanzándose al vacío, la pistola pasando de mano a mano entre las piernas tipo ultracuerpo de Kaufman, el cortador de césped, los disparos en off tras la colina o, sobretodo, las escaleras en los árboles. Son lo más terrorífico que he visto en mucho tiempo, y que hacen albergar esperanzas en M. Night Shyamalan. Alguien que sabe mucho de cine, le pese a quien le pese.

Dos últimos detalles para finalizar:

Los protagonistas, al abandonar una casa piloto, pasan por debajo de un cartel de una immobiliaria, que reza "You deserve this". Os lo mereceis.

Y quien os diga que Shyamalan no aparece en esta película, no se ha quedado a leer los créditos. Es un personaje protagonista. Fijaos. Si es que el tío se gusta. Pero me da igual mientras siga haciendo pelis así.

Sunday, June 01, 2008

La niebla de Stephen King, de Frank Darabont

Un grupo de personas quedan confinadas en un pequeño espacio y deben afrontar una amenaza externa que les supera. La comunidad se quebrará y todos deberán posicionarse.
Llamadlo como querais: homo hominis lupus o La noche de los muertos vivientes; Río Bravo o Perdidos.

El caso es que La niebla de Stephen King no ha inventado nada, no aporta nada y en un par de semanas no recordaré nada.

¿Es eso malo? No necesariamente.

La niebla de SK es una peliculilla de serie B entretenida, hecha con una factura deliberadamente pulp, construida a base de arquetipos que siempre han funcionado y estructurada de forma clásica. Incluso el final es más consecuente con la tradición cinematográfica de donde bebe (fijaos en ese póster de La Cosa con el que se abre el film) que con la coherencia interna de la narración. Y eso se debe a la aparición de todo tipo de personajes planos y previsibles, piezas de puzzles que ya hemos reconstruido miles de veces, sin más profundidad que el supermercado donde se refugian durante el acto más largo de la función. La niebla de SK solo acierta donde fallaba La guerra de los mundos de Spielberg.



Thomas Janes demuestra una vez más su ineptitud para la actuación, como lo hacían los galanes de la época dorada del terror de la Universal, y Marcia Gay Harden se lo pasa pipa con un personaje revolucionadísimo que en otro film no hubiera durado más de un par de planos antes de ser tiroteada.

La niebla de SK se ve en un plis plas, no molesta, es incluso a veces estimulante, pero es una lovecraftiana peli de videoclub más con algunos aciertos (la fotografia de la niebla es espléndida) y muchos fallos, en la que Frank Darabont resulta irreconocible. No así Stephen King, cuyo mensaje apocalíptico ya me aburre desde hace décadas.

Otras lecturas:

El guión de Frank Darabont para Indy (Indiana Jones and the City of Gods) fue repudiado por Lucas cuando Spielberg y Ford ya habían dado el visto bueno. Por lo visto, Lucas quería más bichejos, como terminó imponiendo. Monstruitos como los que asedian a los mundanos clientes del supermercado, que parecen recién salidos de La amenaza fantasma (incluso creo que uno era el dueño de Anakin). ¿Metáfora? ¿Suspicacia? ¿Paranoia?

Thursday, May 22, 2008

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, de Steven Spielberg

¿O es de George Lucas...?


Seleccionad después de los asteriscos para leer los spoilers:

Salgo del cine y voy al baño, dándole vueltas a lo que acabo de ver: la cuarta entrega de Indiana Jones, después de prácticamente 20 años de la última. Intento convencerme que hay cosas positivas. Que no está tan mal, que yo tenía demasiadas expectativas y que eso nunca es bueno. En los aseos hay tres freaks de mi generación, que planean montar un comando para asaltar el rancho Skywalker e ingresar a Lucas y Spielberg en un geriátrico, antes que perpreten más daño. Definitivamente, creo que mi opinión va a ir a peor a medida que pasen las horas.

No creo que sea justo dilatar una espera 20 años para esto. Recuerdo haber visto el Templo Maldito en el Palacio Balaña de chiquitillo, y La última cruzada en una sala de Gracia que creo que ya no existe. Ha caído mucho cine desde entonces, y cada poco se oían rumores de una nueva entrega de Indiana.
Está muy viejo, decían los detractores hace ya 15 años. Náh, Indy aguanta el tipo, defendía yo.

En estos años incluso publiqué una novela en homenaje al arqueólogo, Montecristo, ¡en la que salía hasta Bellocq!

Me pregunto cómo sería el guión de Darabont que Lucas rechazó después que Ford y Spielberg dieran el vistobueno. Se rumorea que hay algunos elementos de él en el film, pero que incluía nazis escondidos en el amazonas y un macguffin diferente. Por lo visto, Lucas quería otra excusa argumental, que es la que al fin se ha plasmado en la pantalla.

Creo que de Darabont queda el inicio. Ese primer episodio que nos mete de lleno en la guerra fría y la conspiranoia; ese pasado de Indy como héroe de guerra, ese ambiente agitado y febril que vibra con el rock'n roll
(*)Con la salvedad de los topos. ¿tienen algún significado freudiano? Eso sí, el inicio, con los títulos de crédito propios de la serie, y ese arranque en plan American Graffitti, es soberbio. . Sí, creo que de Darabont debe quedar ese fragmento que, aún siendo deliberadamente pulp, autoreferencial y paródico, es divertido. Te reencuentras con un viejo amigo, y le han pasado muchas cosas, pero hay otras que siguen igual. Y disfrutas al reconocerle. Sí, de Darabont queda eso, me imagino. Hay un pequeño homenaje a Connery y tres a Denholm Elliott, y hay escenas de acción marca de la casa (*)La de la moto por la facultad está muy bien rodada, así como se agradecen las continuas referencias a la caza de brujas y demás..

Pero algunos tornillos del engranaje empiezan a fallar.

Indiana Jones nunca ha sido realista, ni lo ha pretendido, pero sí creo que ha intentado suponer un entretenimiento adulto que tambien pueden disfrutar los niños. En los primeros pasos de
La Calavera de Cristal hay algunas salidas de tono impropias de la serie. Vale, el universo Indy ha cambiado, ahora es más cómic y más serie B, y Spielberg exige fe. Pero yo puedo mantener mi fe en el Grial, en el caballero inmortal, en el templo subterráneo de lava en la India o en el poder del Arca. No puedo mantener mi fe en la hipérbole porque sí, porque hasta ahora el mundo del professor Jones no había sido así. (*)Si Jack Bauer se mete en una nevera y sale despedido a dos millas de distancia por el efecto de una explosión nuclear, me lo creo. Indy lo siento pero no. Por muy bien rodado que esté, que lo está, y por mucho que tenga uno de los planos más hermosos de la saga, con la silueta de Indy recortada contra la seta nuclear.

Y aquí es donde supongo que aparece Lucas y mete droja en el colacao de Spielberg, porque la película pasa a ser mediocre. Entretenida, sí, pero completamente indigna de la trilogía original. Otra amenaza fantasma.

El argumento del film pasa a ser una sucesión de eventos más o menos interesantes, pero sin ningún tipo de coherencia interna en el relato. El guión está lleno de lagunas inexplicables y escenas de acción que no se entienden
(*)¿Quienes son esos saltimbanquis del cementerio?, y el MacGuffin resulta hasta ofensivo.

Observemos: El Arca, mayestática, omnipotente, perfecta. Las piedras de Shankara, peligrosas, misteriosas, místicas. El Grial, el sueño de todo hombre. La calavera de cristal, un melón enorme de metacrilato que se venderá a 39,95$ en el Toys'r'us.

Al término del film: ¿alguien puede explicarme exactamente para qué sirve la calavera de cristal?

Si ni siquiera tiene melodía propia. Todos recordamos la melodía del grial, la del arca o la del templo. No he encontrado la del melón...

Pero eso no es lo peor.

Puedo aceptar que TODO se haya rodado en interiores, y que la selva amazónica sea tan real como un pesebre, si me lo venden como un tipo de rodaje de serie B que ya no se estila (y será por algo). Lo aceptaré, aunque lo discutiré: las otras tres tenían exteriores impresionantes y por eso nos gustaban, aquí todo sabe a Chuck Norris en En busca del templo del oro. De hecho, pensándolo ahora, el argumento es prácticamente el mismo. Lo que no puedo aceptar es tal cantidad de despropósitos en todo el fragmento de la jungla
(*)Aquí debería contenerme, porque puedo pasarme días escribiendo sobre las tonterías en el amazonas. El tarzaneo de Shia LaBeouf junto a un puñado de monos (sic), Marion e Indy discutiendo como niñatos, las autopistas del Bosque, todo llano y recto y sin peajes, que conducen a las tres cascadas.. La historia pierde toda credibilidad porque lo que ocurre es absurdo y tonto, más propio de Tex Avery que de Indiana Jones, y como espectador me siento dolido (*)Marion lanzando el coche por un barranco para aterrizar sobre la copa de un árbol y descender al río..



Estaría dispuesto a hacer la vista gorda a todo esto si Spielberg se hubiera dignado a incluir el elemento mágico de la trilogía: intensidad emocional.

Siempre habíamos viajado con Indy porque sufríamos con él, amábamos con él y nos traicionaban como a él. Era tan humano como nosotros. Ese final de la cruzada, cuando su padre le convence para que deje el cáliz, o cuando en el barco del arca perdida se queda dormido mientras Marion le besa. Incluso la despedida a la austríaca de la doctora Schneider nos llegaba al corazón.

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal está vacía. Ninguno de los personajes tiene la más mínima química entre si, porque no son humanos. Son píxels de un videojuego que saltan de aquí para allá con cuatro lineas de diálogo en medio. Casi todas las frases son o innecesarias o ininteligibles, y no hay el menor atisbo de inteligencia en ellas. Los personajes nos dan igual. Y eso duele, porque Indiana Jones no nos da igual.

De hecho, incluso odiamos un poquito a Marion porque da grimilla verla dando gritos por la selva (que ya no tiene edad, señora). Y a Indy le daríamos un cachete para que espabilara y dejara de pasear.

En busca del cuentapasos perdido sería uno de los títulos para rebautizar este insulto cinematográfico. Indiana solo anda y anda y anda y se dedica a dar sermoncillos, pero de acción más bien poca (y la poca que hay, achacosa). Se comporta como el Henry Jones de Connery. Pero no queremos ver eso. Ya tuvimos un Henry Jones, ¡no queremos que Indiana sea igual! Creo que a Ford a veces le da hasta igual la película. Que se limita a cobrar y punto (*)Ahí está la escena en la que presuntamente es torturado a mirar el melón de metacrilato (lo que dice mucho también sobre lo que piensan los responsables del film sobre este engendro). Su cara es la de un tío al que le suda actuar.
.

No hay emoción, como tampoco hay suspense. Los espectadores vamos muy por delante de los personajes. Tanto, que estos acaban pareciendo tontos. Hay escenas de vergüenza ajena. Irina Spalko, la villana, es ridícula
(*)Cuando comparan la sombra del cráneo con las pinturas del templo de Chuck Norris y dicen oh, son iguales. ¡Claro! ¿Qué esperabais? ¿Para qué vais, sino? Y dicen que Spalko es científica, pero yo solo la veo dar órdenes en traje de mecánico y con una espada (que ya es algo más que ver a LaBeouf llorar cada dos por tres). O eso de las tres cascadas que vaticina el profesor Oxley (uno de los personajes más fraude de la saga, del que no sabíamos nada hasta hoy y ahora resulta que era el tutor de Indy, como si Abner no hubiera existido): son las cascadas menos emocionantes de la historia de las cascadas; ideadas para su próxima construcción en un parque de atracciones. Y la dirección de Spielberg es sosa y anónima, sin su sello. Ni el de Williams, que firma una de las composiciones más aburridas en años. Y no hablemos de Kamisnki, que sí o sí quería sobreexponer la iluminación.

Y la película termina en lo que nunca debió. Spielberg falta a su palabra (y de forma tan clamorosa que incluso podría ser denunciable) y llena de efectos digitales la pantalla. Indy se convierte en un remedo de
La momia (que a su vez era una copia rebajada en agua del arqueólogo), y el espectáculo happy meal patea el culo de los que crecimos y amamos esta serie (*)La parte de El Dorado es tan burda, tan incoherente y estúpida... Los apocalyptos son de un relleno espantoso, y duran cuatro minutos en pantalla (creo haber visto a Darth Maul entre ellos). La entrada al templo es cutre, y no tiene sentido que tengan que abrirlo a porrazos, o que se les escondan los peldaños. ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué?. Y la mano de Lucas es alargada y putrefacta y destroza el universo Jones con sus masturbaciones megalomaníacas (*) No se conforma con negarnos a Abner Ravenwood. Tenía que meter naves espaciales y extraterrestres con síndrome de Diógenes. Lo que nos lleva a plantear: si tan listos y poderosos son los aliens, ¿cómo dejaron que un español analfabeto con armadura les arrancara la cabeza hace quinientos años? ¿qué sentido tiene ir a buscar a otro ET en el área 51, si luego no sirve para nada? ¿estará la mamá del pequeño Haley Joel Osment en El Dorado? ¿Y Richard Dreyfuss?
.



Como un servidor de ustedes ya estaba pálido, prácticamente no he prestado atención al cierre de la saga (me refiero a
Cocoon, porque el final es de Cocoon, y porque la de Indy y allegados parece que tiene cuerda para rato, mientras se puedan vender muñecos y videojuegos).

Y decían que el templo maldito era mala, dice uno de los freaks del baño de los cines.

No os imaginais lo que me duele escribir estas lineas.




Monday, May 19, 2008

Iron Man, de Jon Favreau



Nunca he leído un cómic de Iron Man y desconozco la mitología del héroe. Así que, esta vez, seré breve:

Puntos negativos:


-Pocas escenas de acción (solo dos set-pieces).
-Sensación de dejà-vu en esas dos escenas. Lo que nos enseña no es novedoso, ya lo hemos visto mil millones de veces. La pelea final es una de las menos innovadoras de las pelis de superhéroes.
-Gwyneth Paltrow no sabe correr.
-Argumento lineal y simplón.

Puntos positivos:



-Robert Downey Jr.
-Es entretenida.
-Es divertida.
-Robert Downey Jr.
-Tiene gags propios del slapstick (ese aprendizaje).
-Jeff Bridges es un buen villano.
-El diseño de la armadura es soberbio.
-Está plagada de guiños freakies.
-Robert Downey Jr.
-Tony Stark es un héroe atípico en la Marvel: adulto, consciente de sus poderes y egocéntrico, el reverso fiestero del Bruce Wayne de DC.
-La escena del combate con los cazas.
-El sentido del humor más simple (el robot extintor) y el más cómplice (Potts sacando la basura).
-Robert Downey Jr.
-La elegante dirección de Favreau (que siempre sabe donde colocar la cámara).
-El whiskey en medio del desierto.
-El tono gamberro y socarrón que impera en todo el metraje.
-Robert Downey Jr.
-La posibilidad de una segunda parte mucho más espectacular.
-Robert Downey Jr.
-Robert Downey Jr.
-Robert Downey Jr.

Monday, May 05, 2008

Coming soon: Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal Trailer #2

La espera está terminando y los trailers ya son reveladores (ojo a la aparición de Hurt como Abner...). No me quedan uñas.

Thursday, March 20, 2008

There Will Be Blood, de Paul Thomas Anderson

A pesar de tener ribetes de Kubrick, Welles y, sobretodo, Malick, Pozos de Ambición no es la obra maestra que muchos tienden a encumbrar. Es una buena película, una gran película, pero le falta la capacidad de emocionar.

Pozos de Ambición, eso sí, es la mejor película sobre vampiros de lo que llevamos de siglo XXI.

Encauzada por el género americana, este tipo de películas rio que beben de Steinbeck sobre la reciente historia de Estados Unidos, el film de Anderson nos cuenta el devenir de un vampiro y su condena a la soledad.

Daniel Plainview pacta con el diablo en el inicio de la narración. Solo, excavando el desierto, adentrándose en el infierno, mezcla su sangre con el petróleo como un doctor Fausto. Quince minutos de puro cine mudo. Imágenes, imágenes, imágenes. Poderoso. En cierta manera, muere para renacer. El premio: dinero, carisma, poder infinito. El precio: su alma, que pertenecerá al diablo negro, y nadie más. La soledad.

Paul Thomas Anderson se toma un tempo lento para explicarnos el devenir de Plainview. Deja reposar las imágenes, les da fuerza, consistencia, avanza en el tiempo a zancadas pero luego descansa en ciertos momentos clave. Se contiene y consigue emular a los grandes directores citados al inicio, pero se olvida de insuflar calor en la historia. La extraña banda sonora, arrítmica, disonante, kubrickiana, no contribuye a submergir al espectador, sino a ahuyentarlo, a eliminar cualquier sentimiento de empatía.

Quizá era eso lo que quería. Quizá quería que odiáramos al personaje intepretado por Daniel Day-Lewis, pero tampoco somos capaces de sentir odio por el zapatero florentino, porque su interpretación solo causa admiración. De acuerdo, es de los pocos que aun creen que deben convertirse en el personaje, en lugar de actuar, pero es que Day-Lewis regala un trabajo total, de cuerpo y mente, abstraido por su vampírico carácter.

Plainview está condenado a estar solo. Lo conseguirá todo, hará lo que se proponga, pero a costa de chuparle la sangre, las energías, la estima, la vida, a todo aquel que le rodee. Cuando adopte un niño (con fines comerciales, en un inicio), todo irá de perlas. Pero cuando el crío se convierta en algo más que negocio (esos flashbacks del padre y el chaval jugando), aparecerá el diablo para castigarle. Saldrá del infierno, convertido en bola de fuego, en una de las escenas más poderosas de los últimos años (con contraluces demoníacos), y le castigará con la incomunicación. Le quitará la capacidad de entenderse con el hijo, y lo apartará de él.

Como todo buen vampiro, Plainview encontrará en la iglesia a su némesis. En este caso, un predicador de tres al cuarto que aspira a todo lo que el petrolero tiene, y que tendrá una vida paralela sin los beneficios del pacto con el diablo. Su enfrentamiento será unos de los motores de Pozos de Ambición, y después de una larga desaparición, culminará el film con un duelo personal en el que afloraran todas las mentiras, miedos y desdenes. El predicador, interpretado por el clon de Leo Messi, es una robaplanos de cuidado, y habrá que seguir su carrera con interés. Lástima que la sombra de Day-Lewis sea tan alargada y opaca.

Vampiro sanguineo (por la metáfora del petróleo, y como lo succiona allí donde va) y emocional, Plainview se aprovechará de todo aquel que le rodee para luego apartarse (es la del hermano quizá una de los mejores cuentos que presenta There Will Be Blood).


Pozos de Ambición está contada con crueldad, es descarnada y poética a la vez, y termina en un final rompedor con esa dinámica. Se quiebra la contención de Anderson y la de Day-Lewis (que aquí se le va la mano y sobreactua como en sus buenos tiempos), y se cambia el naturalismo mostrado hasta el momento por un grandguiñolesco epílogo ambientado en la mansión, que bien pudiera ser del Conde Drácula, pero que acaba siendo del pobre millonario desgraciado y solo Daniel Plainview.

O léase Charles Foster Kane,
O Max Bercovickz,
O señor Burns.

Sunday, February 03, 2008

Cloverfield, de Matt Reeves

Cualquiera que lea El diario de Ana Frank sentirá en sus propias carnes los horrores del nazismo, a través de la mirada de la niña holandesa. Ana Frank relata como entran las tropas de Hitler en Amsterdam y como ella y su família se ven sometidas a un encierro indefinido, que acaba con su captura.

Que yo sepa, todas las traducciones que existen de la historia de Frank están editadas y encuadernadas al estilo Gutenberg. Que yo sepa, no exiten versiones escritas a mano, con borrones, rectificaciones, palabras initeligibles y frases temblororsas por los nervios.

Y a pesar de esto, el texto es estremecedor.

Sirva esta introducción a modo de defecación sobre la mal llamada generación youtube. Por alguna extraña razón, alguna mente pensante ha decidido trasladar el nuevo lenguaje cibernético a la gran pantalla, con la excusa que los chavales de hoy (sic) están acostumbrados a un contacto con la ficción diferente a las generaciones anteriores, via youtube y sucedáneos. Mentira. Los videos del famoso portal duran a lo sumo 10 minutos, y la mayoría no pasan del minuto y medio, por lo que aplicar su estructura a un largometraje se debe hacer aplicando puentes entre el lenguaje de la gran pantalla y el del streaming. El camino a seguir, por ejemplo, es el de la ejemplar Redacted, de Brian de Palma, que sí comprendre la multidisciplinariedad de los medios para transmitirnos información. Por contra, tenemos el cine basado en las faltas de ortografía de la telefonía mobil (xk no t kyas?), entre los que encontramos la reciente REC y la película que nos atañe hoy: Cloverfield.



Bien, seré franco, todo este rollazo es más bien de relleno. No puedo hacer una crítica completa del film porque me he perdido lo que creo que debe ser la mejor parte. He aguantado cincuenta minutos antes de abandonar la sala completamente mareado, en este episodio alargado de Felicity meets Godzilla. Con los zombies de Balagueró ya tuve suficiente, pero con el monstruo de Abrams he decidido claudicar. Mal que me pese (quería ver el final), no me estaban contando nada nuevo, y si lo más innovador es el rodaje subjetivo que me estaba dejando sopa, pues va a ser que no me gustará mucho. Y reivindico aquí mi devoción por JJ Abramas como gran reciclador de ideas, ojo.

Steven Spielberg hizo no hace mucho su particular versión de La Guerra de los Mundos, que supera, y en mucho, la presente Cloverfield, con algunos parámetros similares. En aquella, la acción empezaba en el minuto dos, mientras que aquí esperamos al menos veinte interminables minutos para que nos cuenten algo interesante. Allí los personajes se debatían entre luchar o huir, aquí convierten a Dawson Crece en Shakespeare. En aquella también se veía la invasión desde el único punto de vista de la familia protagonista, pero con una claridad expositiva y una planificación dignas de un maestro; en ésta el punto de vista es también único, pero confuso y (repito) mareante. Hay planos em las dos películas que recuerdan enormemente a las escenas de terror vividas tras los atentados a las torres gemelas. Cloverfield los desaprovecha todos, malgasta ideas visuales buenas en un pulso digno del doctor James Parkinson.

Cloverfield (que aquí han traducido como Monstruoso, título que me niego a utilizar, por vergüenza ajena) carece de personajes con un mínimo de carisma. Me da igual lo que les pase a Ross, Monica, Rachel, Chandler (solo se salva algun plano del escote de Lisa de Salvados por la campana) en su huida/pánico/rescate en NY. Llamadme clásico, pero Snake el Serpiente no se comportaría así. El factor Abrams (ese mezclar las historias personales con acontecimientos épicos que les sobrepasan) aquí se diluye en unos arquetipos pobres, de guapos niños ricos de Manhattan, a los que ni siquiera deseas la muerte como en cualquier buen slasher porque te dan igual.

Que no todo es malo en Cloverfield, porque hay algún truquillo narrativo que me ha sorprendido muy gratamente, como la forma de introducir flashbacks en medio de la gravación, muy original. Pero todo eso se ve entorpecido cuando desde el minuto uno el cámara se dedica a filmar unos Crunch, Kit Kat y M&Ms abriendo y cerrando plano, desenfocado el objetivo y tirando de zoom de tal forma que haría vomitar a Valerio Lazarov. ¡Que también hay gente amateur que sabe encuadrar, joder, y pueden protagonizar una película como esta mucho mejor!

Esta es mi opinión de la película hasta el momento en que los militares atacan al monstruo y se ve el rostro del bicho por primera vez (buen diseño de producción, eso sí, no como la tonta The Host). No puedo decir nada más allá. En ese momento hemos salido de la sala, y otra pareja nos ha seguido (como los que se esperan a que alguien termine el examen para entregar el suyo, porque les da vergüenza ser los primeros). Luego en el párquing nos ha saludado la pareja que había hecho cola con nosotros para entrar en la sala, a los que no conocemos, en un gesto de complicidad entre estómagos revueltos.

Esperaré a que salga en DVD y pasaré directamente a las escenas de fx, que es lo único que me llama la atención.



Dicen que con un coste de solo 25 millones, está lejos de ser una superproducción. ¿Tan caros van los trípodes en USA?

Tuesday, January 29, 2008

Parón cartelero


No es desídia, caballeros, es una alarmante bajón en la calidad de la cartelera lo que mantiene parado este humilde servidor de ustedes.
Manténgase atentos, este año nos traerá a Batman y a Indiana, pero hasta entonces parece que el páramo cinematográfico es inmenso.

PS. No es país para viejos es de lo mejor que se ha hecho en meses, pero esperaré a disfrutarla en el cine y como la he visto de estraperlo para poder hacer un comentario más justo.

Tuesday, December 25, 2007

2007 Review

Películas que se fueron sin reseñar en el año 2007.

La Jungla 4.0 O Bruce Willis interpreta al primo de Jack Bauer. Muy entretenida, con guiños a las anteriores, pero una versión demasiado Happy Meal de John McLane.

28 semanas después. El niño protagonista lleva una camiseta del Madrid, y la cámara a menudo se mueve demasiado. Todo lo demás, una peli de zombies impecable.

Ratatouille. La menos infantil de las películas de Pixar. Magistral a todos los niveles: técnico, narrativo y emocional.

Sunshine. Horizonte Final + 2001, una odisea en el espacio. Serie B con algunos logros pero demasiada sensación de dèja vú.

El ultimátum de Bourne. A pesar de ciertos momentos biodramina, una de las mejores (si no la mejor) película de acción del 2007. Greengrass consigue escenas absolutamente demoledoras como la tensión fantasmal de la estación de Waterloo o la adrenalina disparada en la persecución por los terrados de Marrakesh.

La matanza de Texas. El origen. Película de horror, por lo horrorosa que es.

Halloween. El origen. Rob Zombie pierde parte de su personalidad en un remake tan innecesario como redundante. Primera media hora más o menos curiosa, para un tramo final repetitivo.

La zona. Muy interesante reflexión sobre la semilla dels fascismo.

Arma fatal. La comedia más divertida de 2007. Implacable la media hora final.

Los Simpson. O cómo bostezar durante una hora y media. No me vale ni el Spidercerdo.

1408. Entretenida serie B que no aporta nada nuevo ni falta que le hace. Necesaria para oxigenar.

Tristam Shandy. La rara avis del presente año. Mi Winterbottom favorito. Británica hasta la náusea. Imprescindible.

El libro negro. Peli de nazis a la antigua usanza. Verhoeven en plena forma. Grande.

Y aquí mi recomendación para estas fechas, la película navideña perfecta: ¡Qué duro es morir!

Friday, December 21, 2007

Soy Leyenda, de Francis Lawrence



Tener buena caligrafía no te hace buen escritor. Ese es el axioma que debería aplicársele a Francis Lawrence, en su segundo largometraje.

Francis Lawrence demuestra tener buen pulso narrativo, capacidad para crear tensión e imaginación desbordante para desarrollar atmósferas, pero por el camino se deja lo más importante: la esencia.

Constantine, la adaptación del comic Hellblazer, es una película inquietante y bien contada, pero que desposee el personaje de Gaiman de toda su naturaleza marginal. Soy Leyenda es un cuento bien explicado, que destruye el principal valor de la base literaria de Matheson: no hay debate sobre lo bueno y lo malo, lo monstruoso y lo colectivo.

¿Que queda en Soy Leyenda, pues? Un film con tantos aciertos como defectos.

En el capítulo de fallos encontramos:

Falta de respeto por la obra original. Hasta el extremo que ni siquiera el título llega a cuadrar con lo que explica la película. En la novela, Neville es leyenda para los vampiros; en la película, para los humanos.

Maldita extinción, ya no tengo comentarios en el blog.

Demasiado ordenador. He leído por ahí que Lawrence empezó a rodar usando a humanos con prostéticos , pero que los cambió por criaturas generadas por computadora porque no le parecían convincentes. El resultado es deplorable. No solo se notan los efectos digitales (lo que a día de hoy se considera pecado), sino que la concepción vampírica es de pena: gollums calvos de metro ochenta con ropas rasgadas, saltimbanquis silenciosos a medio camino entre zombies y los robots de Yo, Robot (a todas luces, muy superior a esta, aunque también se desviara lo suyo de Asimov). Odio realizar comparaciones entre cine y literatura, porque considero que son dos artes que pueden aportar perspectivas diferentes a una misma historia, pero es una lástima que destrozaran el planteamiento de Matheson de mantener cierto grado de humanidad en los vampiros (Ben Cortman llamando a la puerta de Neville, noche tras noche), para convertirlos en figuras anónimas que obedecen a un vampiro macarra de mandíbulas gigantescas, que solo gruñe y se golpea la cabeza con cristales.

El final. Aproximadamente desde la aparición del Deus Ex Machina. No lo revelaré, pero indigna.

En el de puntos positivos:
Una primera hora magistral, que recuerda a Náufrago de Zemeckis, con Will Smith en plan Hanks en medio de Nueva York. Los planos muy abiertos, la sensación de soledad, la caza de los ciervos desde el coche, los maniquíes vestidos por las calles. El guión de Akiva Goldsman recoge ideas de la kitsch Omega Man y Lawrence las mejora. Hay tensión bien mantenida, se perfila el personaje de Neville con claridad y acojona en pasajes como el primer encuentro con los vampiros. Esa escena en el edificio oscuro en busca del perro recuerda a REC, pero mucho más terrorífica.

Maldito correo comercial, cada vez más violentos llamando a la puerta.

El mensaje en la botella. Me llamo Robert Neville...

Will Smith. Que pese a quien le pese, es un tipo que no solo me cae bien sino que me gusta como actor. Aquí es capaz de aguantar el tipo en la parte del metraje en la que aparece solo. Quizá su papel recuerda demasiado al de Yo, Robot (quizá no, quizá con el tiempo no sabré distinguir un film del otro, y mezclaré un Nueva York devastado por vampiros robotizados que visten Nike y conducen Audis mientras se conectan con el Apple), pero su trabajo se sustenta tanto en el carisma como en la interpretación, y en Soy Leyenda cumple de sobras.

La relación con Sam. Que es una perra mucho más humana que el señor Wilson (recordad aquella pelota con ojas de palmera como pelos), y que humaniza el primer tramo del film, incluyendo escenas como la del baño con música de Bob Marley o el ataque de los perros vampiro.


Y en el apartado de cosas que no sé si me han gustado o no: ¿Por qué los vampiros a veces son mortalmente silenciosos y a veces parecen ratas chillando en un microondas?


Tambien es posible que mi opinión se vea influenciada por el ambiente próximo a la misantropía que despedía la sala de cine. Eruptos con olorcillo a chorizo, palomitas extracrujientes, audiocomentarios simultáneos de tres o cuatro personas en cada escena, pataditas en el respaldo, politonos de teléfono móbil, meneo de cubitos y sorber de pajitas, entre otras lindezas, fueron los responsables que me pasara toda la proyección dudando si el virus que ha convertido la población mundial en bestias de encefalograma plano que berrean y se mueven en manada no se había extendido ya.

Friday, November 30, 2007

REC, de Jaume Balagueró y Paco Plaza

REC

Sesión matinal, bastante llena, el mediodía de un sábado. En mi estómago un cortado y dos cruasanes. En mi bolsillo las entradas para ver la esperadísima producción sobre zombies de Balagueró y Plaza. Todo un acontecimiento.

Sin títulos de crédito, entramos a trapo en el medio televisivo: una cámara nos mostrará todo, en lo que se diría es una grabación sin editar ni montar. La cara es una reportera, el objetivo, un anodino seguimiento al turno de bomberos de la noche.

Conecto con REC al instante: su propuesta le da credibilidad a la historia. Quizá porque estamos tan acostumbrados la lenguaje de la pequeña pantalla, con la multitud de programas de conexiones en directo que han aparecido en los últimos años, no nos cuesta creernos lo que vemos. Quizá por esto damos por hecho que a lo que asistimos es real, aunque sepamos que es una película. Y ahí es donde se distinguen las grandes películas de terror: en la aportación de un elemento perturbador a un entorno realista.

Pero de golpe, algo se tuerce. En una de las escenas de introducción iniciales (que hasta el momento son soberbias, en su recreación de un mundo oculto para la mayoría de los espectadores), la presentadora juega un partido de baloncesto y el cámara lo graba en plan Valerio Lazarov. Suena la alarma, empieza el nudo del film, y los cruasanes se me suben hasta el esófago. Soy de los que si juegan más de diez minutos a la play se marea.

Resulta difícil valorar un film si tienes que apartar la mirada cada poco porque estás a punto de vomitar. La sensación desagradable se incrementa a cada escena, en cada movimiento de cámara, en cada grito. Lucho entre la curiosidad y el deseo por ver el film, y las ganas de salir a arrojar al baño del cine. Las luces estroboscópicas de las sirenas a través de la puerta decantan la balanza hacia la segunda opción, pero la historia resulta demasiado interesante y el ritmo muy alto como para abandonar la proyección. Decido aguantar, pero estoy demasiado pálido para sentir tensión o asustarme con alguno de los picos de la película. Me gusta, pero quiero que pase rápido. Soy capaz de ver un crescendo en la narración, un juego de plataformas que solo puede acabar con un monstruo de final de pantalla, pero ahora mismo daría lo que fuera por guardar la partida y continuarla otro día.



En su día vi El proyecto de La Bruja de Blair, y me ocurrió lo mismo. Solo que en aquella ocasión solo salvaba el final del film, en ese caserón deshabitado en medio del bosque, porque el resto era material mediocre filmado por enfermos de parkinson en estado avanzado. Ahora es diferente, aunque mi estómago proteste.

Así que cuando salgo del cine, liberado, con un frío relajante en la calle, tengo la sensación que REC puede estar muy muy bien. Que es una gran película de terror y de los mejorcito que se ha hecho en este país. Que lástima lo de la cámara y que seguramente con una biodramina eso no pasa.

PAUSE

REC


Día del espectador a media tarde, la sala a rebosar de imbéciles que no solo no han visto en su vida una peli de zombiesen su vida , sino que consideran que La noche de los muertos vivientes es un truño porque es en blanco y negro y no hay carreras. Masco una biodramina. En mi cabeza, un montón de comentarios elogiosos que me impulsan a volver a verla. Hoy voy a disfrutar.

¿Alguien vería un reportaje de España Directo por segunda vez? Lo que antes me había parecido una introducción sensacional, ahora me aburre. Es una excusa argumental para presentar un estilo narrativo y poco más: el personaje principal, interpretado por Manuela Velasco, solo es una espectadora, no una actora. Y seguirá así durante el resto del metraje. Sin ella, solo con el cámara, el verdadero transmisor, la película hubiera sido exactamente la misma. Su trabajo es impecable, y se merece todos los premios que le puedan dar, porque resulta morbosamente bella en los momentos más terribles, y creíble en los puntos álgidos de tensión. Pero no deja de ser una invitada más al pasaje del terror que es REC, junto al resto de la sala.

REC dedica una primera hora excesiva a presentaciones innecesarias. Con apenas un par de escenas de tensión resueltas de forma magnífica (el pasillo con la vieja loca al fondo es la pesadilla de cualquiera), nos encontramos ante una película a la que le cuesta arrancar lo suyo. No es de recibo que se produzcan carcajadas en el cine con las entrevistas a los vecinos, ni que se escuchen en voz alta comentarios jocosos sobre sus enfrentamientos unos con otros. Hay algo ahí que no funciona, porque la situación ya está introducida (el contacto con los infectados y sus consecuencias en un grupo cerrado), y eso rompe el clima de suspense en favor del chascarrillo. A su favor hay que decir que los actores están fabulosos, y cumplen de sobras con su cometido, en un alarde de naturalidad impropio de la mayoría de películas que se basan en ella (y me refiero a esos pestiños sobre gente aburrida que no hace nada en películas en las que nunca pasa nada). Pero rompen la atmósfera de terror. Y en realidad tanta presentación no viene a cuento de mucho, porque su papel posterior es el reservado a... bueno, es una peli de zombies, ya sabeis qué va a pasar.

Y ahí reside quizá uno de los principales defectos de REC (solo salvado por el último tercio del film). Se le ven las costuras. Se le notan los trucos. Se ve venir de una hora lejos qué va a pasar en cada momento, quien va a hacer qué, y cuando lo va a hacer. Y en un segundo visionado esta sensación queda fijada y deja un regusto amargo. No hay un solo instante de tensión o miedo ahora: el film se vuelve mecánico, sin una nueva relectura, solo una carretera por la que ya hemos circulado mil veces y que sabemos que tiene esa curva tan cerrada donde se mataron unos motoristas el año pasado.

Esa primera hora es una decepción. Tiene todos los códigos para entrar en el club de zombies (en su vertiente enjutomojamutesca: no son zombies, son infectaos). Grupo reducido de personas encerrados en un recinto de donde no se puede salir, amenazados por gente que hasta hace nada eran sus congéneres y que ahora solo desean comérselos. Se salpimenta un poco con médicos paramilitares de acento extrangero y se rocía con un chorrito de amor materno-filial. Por cierto, cualquiera que conozca un poco la filmografía de Jaume Balagueró solo puede pensar una cosa en el momento en que la niña aparece por primera vez, con los labios cortados y la piel paliducha.



No se puede decir, pero, que REC sea una peliculilla filmada así como así. Se nota una planificación encomiable, que queda demostrada en ese crescendo narrativo comentado anteriormente, y que se plasma en la pantalla en el uso de las luces. Empieza con la iluminación nocturna propia de un cuartel de bomberos o una escalera de vecinos, que ocupa toda la pantalla, y a medida que avanza la acción se produce un efecto túnel, y la luz se va estrechando. Como por un embudo, la pantalla va perdiendo sus costados, volviendo la película cada vez más claustrofóbica. La oscuridad se va adueñando de la historia (otro rasgo de Balagueró, mucho mejor usado aquí que en Darkness), comiéndose el escenario poco a poco, y centrándola casi exclusivamente en la protagonista sola, a merced de un mundo invisible. Las luces de la escalera que se encienden y apagan, los contraluces de los balcones, las linternas, la antorcha y finalmente, los infrarojos, ayudan a esa sensación de opresión. Los silencios del micrófono, las distorsiones y las pequeñas averías de la cámara son la banda sonora perfecta de un film que, como Los pájaros de Hitchcok, no tiene más banda sonora que los sonidos causados por la amenaza.

El tramo final, ese ascenso a los infiernos, redime cualquier defecto posterior del film. Es lo que esperábamos ver. Zombies con la boca llena de sangre luchando por comerse a los vivos. Y punto. Zombies apareciendo en cualquier esquina (aunque sabes que van a estar allí), y mucha violencia sin cortes. Brillante. Y un plano para el recuerdo. Si en el inicio se hacía un picado por el hueco de la escalera para ver a los vecinos juntitos en la planta baja mirando hacia arriba, indefensos, ahora se produce el mismo encuadre... en circunstancias bien distintas.

Creo que la parte final se debe a Paco Plaza. No sé por qué, pero me da esa impresión. Casi como una historia aparte, un punto y seguido, esa pequeña isla de fantasía religiosa y apocalíptica se le adjudico al valenciano. El setpiece de la Niña Medeiros es de lo mejor que se ha filmado en cine fantástico en los últimos años. Tanto conceptualmente, como artísticamente, el personaje de la niña portuguesa sube de golpe al Olimpo de nuestros monstruos favoritos, junto a Leatherface, Michael Meyers o la cosa en La cosa. Con unos recursos visuales similares al último tramo de la gran 28 semanas después, de Fresnadillo.
Y un final como se merece, por fin.

PAUSE

REC


¿Qué sensaciones deja REC? ¿Es una película sobrevalorada o un clásico del terror contemporáneo? ¿Será hoy alabada y de aquí un año olvidada como un bluff, o perdurará en el imaginario colectivo?
Es difícil responder a estas preguntas. Creo que REC es una buena película de terror, algo mecánica en su concepción a pesar de tener una apariencia tan anárquica, por encima de la media del cine que se hace en este país, atrevida y agradecida, pero que le faltan un par de peldaños para ser la obra maestra que nunca ha pretendido ser; maniatada por su principal reclamo, el realismo de una cámara de video, en el que se enmarca toda una corriente de películas que usan este recurso con suerte dispar (Redacted, Diary of the Dead, The Poughkeepsie tapes...)


Aunque, a decir verdad, salen zombies en el centro de Barcelona, y eso ya es suficiente para pagar el precio de la entrada.

STOP

Sunday, November 25, 2007

Redacted, de Brian De Palma

Quizá la mejor crítica que pueda haber de este film sea el silencio mortuorio que se queda en la sala al finalizar la proyección, con el público clavado en los asientos, los ojos fijos en la pantalla y la boca sin palabras.
Redacted, mensaje político aparte, es quizá la mejor película de De Palma en muchos años. O al menos la más brillante.
Si hasta hoy hablábamos de remakes, con Redacted podemos fijar el concepto de actualización. La misma historia de Corazones de Guerra, transplantada de la jungla vietnamita al desierto iraquí. Un grupo de militares desplegados fuera de casa que, en acto de venganza (acumulación de hastío, cansacio y horror kurtziano) por un hecho concreto violan a una chica de quince años y la matan junto a su familia.


Redacted nos coloca en el prisma de un destacamento de soldados norteamericanos en Samarra con una apuesta fuerte por los nuevas formas de comunicación. Usa el videoblog de uno de los protagonistas, o imágenes de youtube, cámaras de seguridad o un documental francés a discreción para ofrecernos siempre el ángulo más próximo a los protagonistas. Debo reconocer que, habiendo leído antes sobre el film, esperaba algo más rompedor, casi lynchniano, un puzzle incomprensible. Pero De Palma (que durante años fue alumno aventajado) es ya un maestro, y consigue que de esa dispersión de fuentes quede una historia sólida y bien narrada, y además acentúa su perpetuo discurso de la Mirada.

El cine de De Palma es voyeurismo puro. La lucha entre el mirar y el actuar, el ver y el hacer. El personaje de Doble cuerpo que espía a la vecina de un amigo cada noche hasta que la asesinan. El técnico de sonido que capta un accidente de coche y descubre que no lo es. La decisión de Carlito de no volver a la delincuencia, solo de ser un testigo silencioso, que se rompe cuando ve que van a traicionar a su sobrino. En Redacted uno de los soldados admite que grabar, mirar, es intervenir, que el observador puro no existe. Y De Palma, independientemente de su ingenuidad en el propósito del film, actúa como observador y como agente a la par.

Y lo hace con la mochila cargada de cine. Con cuatro perras que ha costado el film consigue adentrarnos en el horror de la guerra (cada vez que digo algo así siento que debería pagar royalties al gran Joseph Conrad). Esa tensa espera en el puesto de vigilancia, ese tedio que solo consigue acumular rencor, ese ser entrenado para matar y tener que esperar y esperar y esperar... Los primeros minutos de película son el perfecto ejemplo de como manejar el suspense, de cómo convertir la cotidianeidad en un peligro permanente. Incluso se permite alguna referencia al imprescindible Sam Peckinpah y su Grupo Salvaje. En la escena del balón de futbol, De Palma nos recuerda una de las máximas que aprendió de Hitchcock: el espectador debe saber que hay una bomba bajo el asiento, pero el protagonista no. Y demuestra que esa lección, si se aplica bien, sigue vigente.

¿Recordais que habíamos quedado que el desembarco de Normandia en Salvar al soldado Ryan era lo más parecido a una batalla que el cine había parido? Pues De Palma, un cineasta con tantos años a sus espaldas como Spielberg, y sin necesidad de demostrar nada, se atreve con los nuevos medios para ofrecernos un cine hiperrealista. No solo hay que aplaudir la valentía de De Palma (como la de los últimos Spielberg), sino tambien sus resultados, sencillamente magistrales.

Como en una obra de teatro multimedia, enfrenta a los carácteres entre si, les da tridimensionalidad e historia, y de la lucha nace la cuestión moral. De Palma se decanta por la denuncia, por hacer pública la sinrazón de la guerra, a pesar de todos los obstáculos. Si colocas a cualquiera en una situación límite como en la que están las tropas desplegadas en Irak, puedes encontrarte con que terminen realizando actos horribles. Posiblemente en su país de origen hubieran terminado cometiendo crímenes similares, parece decir De Palma, pero en el ojo del huracán bélico no les queda otra salida.

Una salida a la esperanza es la que ofrece el personaje encarnado por Casey Affleck (definitivamente no solo el mejor del film, sino muy superior al bobalicón de su hermano), el héroe de guerra a su pesar. El americano ejemplar con las manos manchadas de sangre y la mirada perdida en el desierto para siempre. La voz que nadie quiere escuchar.

Sunday, October 28, 2007

La invasión, de Oliver Hirschbiegel... ¿o James McTeigue?


La Invasión es la película perfecta.

Partiendo de la magnífica base literaria que es el La invasión de los ladrones de cuerpos de Jack Finney, y recogiendo el testigo de las posteriores adaptaciones cinematográficas a cargo de Don Siegel, Philip Kauffman y Abel Ferrara, el film producido por Joel Silver ha llegado a cotas que ninguna de las otras adquirió.

-¿Qué me pasa doctor?
-A ti no sé, pero a mi la bata nueva no me va.

Porque La Invasión suplanta la personalidad de la novela original y de las películas que en ella se basan para volverse un producto sin alma, una réplica fría y apática, un auténtico movie snatcher.
La película contiene todos los elementos que se le pide a cualquier aproximación al tema de ultracuerpos, pero con un resultado tan vulgar, plano y deslabazado que se convierte en un auténtico despropósito. Es como si alguien hubiera introducido una baina espacial en las anteriores versiones, y La invasión fuera el resultado de la clonación.

El cuerpo se mantiene:

Denuncia política: con los informativos en plan Verhoeven sirviendo de hilo narrativo (o de muleta, en el caso de esta película).
Paranoia familiar: el consabido mi marido no es mi marido.
Atmósfera inquietante: o eso se intenta, sobre todo en algunos planos exteriores que recuerdan a la versión de Sutherland, con la gente por las calles, de pie, quieta, impasible.
Las frases de rigor: únete a nosotros, no te dolerá.
Los nombres de los protagonistas: Driscoll, Tucker, Bennell... con algún que otro guiño (Kauffman, por ejemplo).
Escenas comunes: el cuerpo con el proceso interrumpido, la difusión del contagio (cambiando camiones con bainas por inoculación de virus mediante la seguridad social)...

Pero el alma es gélida, vacía.

Se nota tanto que la película ha sido tocada por diferentes directores, que ha sido manipulada por los productores, que los guionistas han ido metiendo baza a modo de parches, que la sala de montaje debía ser un caos, que el resultado final es un pestiño. Nada encaja:

Los recursos narrativos no se entienden. El film está montado en base a un flashback, aunque no se diga, pero la escena sobra la que gira ese flashback no tiene nada de significativa, ni es un punto de inflexión, ni viene a cuento de nada. Hay montajes en paralelo que son de vergüenza ajena (la fuga con el coche de policía), y que se nota a la legua que están hechos para intentar dotar de ritmo a ciertos pasajes de la película. El montaje es asincopado y pésimo. No se sabe cuanto tiempo pasa desde que empieza hasta que acaba (¿cuantas horas aguanta sin dormir la doctora? ¿cuantos días? es todo un misterio).

Está mal dirigida. Ya sea por unos o por otros, pero se eligen siempre las peores decisiones. Una telemovie de planos muy cerrados, que parecen querer disimular una falta de presupuesto galopante (si no tienes cuartos para filmar una persecución en coche, no la filmes). La película divaga entre el terror (con escenas de supuesto miedo que acaban siendo escenas de mierdo), la denuncia política, el drama familiar y la contemplación de la impoluta Nicole Kidman (el 65% de posesión de la pelota está en su campo, es decir, debe haber una hora total del film en que solo se muestran primeros planos de Nicole, en uno de sus papeles más inexpresivos y anodinos).


-Soy buena actriz, teneis que creerme. ¡Preguntad a Tom y a Alejandro!

Está mal actuada. Nicole Kidman se dedica a aparecer en pantalla con la misma cara de muñeca de porcelana durante todo el metraje. Hacia el final es cierto que le pintan un poco las ojeras, pero nada que pueda estropear su permanente porte de anuncio de Freixenet. A Daniel Craig se la suda el film, porque debía estar más pendiente de no seguir perdiendo dientes con el rodaje de Casino Royale. Su interpretación es parecida a la McGregor en Star Wars, con esa cara de darle igual todo y estar a punto de mondarse de risa. Para reir es verlo con pelucones mal disimulados en escenas que se notan (y mucho) que han sido rodadas a posteriori; pelucones del estilo Pepe Oneto, que a Daniel Craig os podeis figurar como le sientan. De Jeremy Northam poco más a añadir más que sigue en su línia Cypher, sobreactuando cuando se convierte en ultracuerpo (parece tal que un chaval en la obra de teatro de fin de curso).

Está mal escrita. Ya no es que los diálogos sean de vergüenza ajena (que lo son). Es que en la puta primera escena ya se te caen los huevos al suelo con una tontería que destroza todo lo que pueda venir luego. Dos doctores que analizan las piezas del transbordador estrellado y detectan un virus en él (un virus muy chungo) van vestidos con sus trajes antivirales y antiradioactivos, en una tienda de campaña de esas de los malos de ET. Uno de los doctores, immediatamente después, sale para el coche ya en su traje de tío serio y, una niña, burlando todas las medidas de seguridad del ejército de USA, le da un cacho de transbordador en mano. Él lo coge y se pincha en plan bella durmiente, pero no le da más importancia, a pesar que hace treinta segundos acaba de contemplar que esos fragmentos están repletos de virus chungos (chunguísimos, repito) dentro de la comodidad de su escafandra. Otro de los monólogos sonrojantes (y que además repiten al final del film) es el de diplomático ruso que se despacha a gusto durante un buen rato hablando de la crueldad inherente en los hombres y bla bla bla. Sinceramente, tiene la misma credibilidad que el discursillo de Bruce Willis en la fantástica Planet Terror (que, por cierto, va de los mismo pero mucho mejor).

Está mal copiada. Porque el argumento es prácticamente el mismo que el de 28 semanas después, la sensacional aportación de Fresnadillo a la temática zombie. Solo que peor resuelto. Y había mucha más paranoia en The Faculty (el homenaje de Robert Rodríguez a Amos de títeres de Heinlen) que en esta. Y recordemos que la paranoia es el principal motor de esta historia.

Aquí no se nota, pero los ultracuerpos tienden a vestir de negro en la película.

Es una lástima, ya no porque el tema me apasione y quisiera ver una nueva vuelta de tuerca, sino porque en el fondo podría haber sido mucho mejor. Hay apuntes interesantes, como la ausencia de guerras que traen consigo los ultracuerpos; o el dilema de unirse a ellos o combatirlos, a sabiendas que es una batalla perdida (aunque en esta ocasión...)o la interpretación de Veronica Cartwraight; pero al final los puntos negativos decantan la balanza, y convierten La Invasión en la película perfecta. Un ultracuerpo en toda regla.
La movie snatcher definitiva.

Saturday, October 13, 2007

La huella, de Kenneth Brannagh


Enfrentarse al remake de un film es un reto, pero hacerlo a una obra maestra es todo un desafío. Si existe un director inglés que durante los noventa pecó de arrogante (a pesar de tener razón en múltiples ocasiones), ese es Kenneth Brannagh, que inexplicablemente se había quedado en un segundo plano estos últimos años.

Brannagh no realiza tanto un remake como una deconstrucción del film de Mankiewicz. Lo despoja de todos los elementos que ornamentaban ese delicioso duelo de actores entre un maduro Laurence Olivier y un joven Michael Caine, para convertirlo en un combate áspero, directo y desnudo. Un juego de espejos, reflejo sobre reflejo, en todos los sentidos.

Ahora es Caine el que ejerce las veces de anciano curtido y retorcido que se cree superior a un joven descarado que le ha robado a su esposa. Caine pasa al otro lado del espejo, con lo que el presente film gana en profundidad, y puede ser visto más como una segunda parte que como un remake. Pero el personaje de Jude Law no es sino el Caine de hace unos años, inexperto pero no menos peligroso, el hombre con la semilla del escepticismo, que solo el tiempo puede cultivar.



Brannagh se muestra más modesto que de costumbre. No roba protagonismo, se lo cede todo a los actores y a la casa, el tercer personaje. Planifica el tempo y la estructura como la obra de teatro que es, pero le añade el factor metafórico: filma a través de ventanas, de espejos, de televisores, de cámaras; no siempre lo que ves es lo que es. El punto de vista se desplaza contínuamente por la mansión, pero nunca recae en los dos hombres en lucha. Brannagh se erige en padrino del duelo: sirve las armas y recoge los cadáveres, pero no se decanta por nadie.

La película desnuda el original en su envoltorio, pero no en su idea del juego como instrumento macabro, de lucha existencial. En eso recuerda mucho a las obras de Jordi Galceràn. Incluso resume la obra de Mankiewicz, resta importancia a pasajes que eran primordiales, y no se molesta en mostrar unas cartas que, en la original, constituían la sorpresa. Se arriesga a fallar en el mismo error que The Prestige, pero al asumir la no voluntad de sorprender, sino de mostrar, sale victorioso. Sigue a pies juntillas el argumento en sus tres primeras partes, pero deviene en un tramo final diferente, que amortigua la sensación de deja vu que nos ha ido acompañando durante la proyección. Se cambia la calideza morbosa de los juguetes por el frío distanciamiento del high-tech, las pulsaciones más infantiles por una sexualidad latente, el sentido del humor por la aspereza, el barroquismo por la simplicidad de la luz.



No deja de ser cierto que Harold Pinter, flamante ganador del Nobel de Literatura, ha hecho un guión que se queda en correcto, con pocas modificaciones sobre el de Anthony Shaffer.

Los dos actores, inmensos. Jude Law demuestra de nuevo que tiene más tablas que muchos compañeros de generación (aunque quizá en algún fragmento está demasiado teatralizado), y Caine es Caine en estado puro.

La huella no es una obra maestra, pero sí es una buena película. La vuelta de tuerca a un juego que empezó hace 35 años, con Alicia a través del espejo, girando y girando en su propio bucle.